Ireneo Filaleteo (1645): “La Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey” 2

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

Apiano León de Valiente

 

DEL PROCESO DE LA OBRA DURANTE LOS PRIMEROS CUARENTA DÍAS.

(Capítulo XIX)

 

En el párrafo 1 de este capítulo, el Sabio Ireneo Filaleteo te susurra, piano, “de boca a oído” sugiriéndote que:

  1. Ubiques a Nuestro Mercurio y Nuestro Sol, debidamente preparados,
  2. Y los encierres en vuestro vaso o cuerpo,
  3. Luego que los regirás con Nuestro Fuego o Fuego de Pontano,
  4. Y  en cuarenta días verás a toda tu materia convertida en una sombra, o átomos, sin ningún motor que la impulse, ni movimiento visible que la anime, ni calor apreciable al tacto, a menos que la materia esté caliente”.

 

Análisis:

En primer término, Ireneo Filaleteo, en su exposición del Arte Real, es muy adicto a utilizar plazos de días, semanas, o meses, los cuales sólo tienen aplicación y validez para medir el tiempo propio de hombres y mujeres que han alcanzado la conciencia del Rebis Rojo o Rebis Iluminado, vale decir, de aquellos reales Illuminati, como Nicolás Flamel, José Bálsamo Braconnieri, Saint Germain y el propio Ireneo, entre otros, que nada en común tienen con los Illuminati de Baviera, ni menos con aquellos Illuminati que figuran en las páginas amarillas del ocultismo más precario.

  • Pero ¿Dónde están “Nuestro Mercurio” y “Nuestro Sol”, y cómo se les prepara?

Para satisfacer ambas preguntas, primero examinaremos los diagramas empleados en antiguas Logias Masónicas Operativas del Medioevo, que sintetizan a las distintas operaciones alquímicas  ascendentes que tienen lugar en  toda la Gran Obra, hasta que ubiquemos el lugar de la escala ascendente donde se encuentran:   “Nuestro Mercurio” y  “Nuestro Sol”, y su modo de prepararlos y, en segundo término, recurriremos a los conceptos que, sobre este particular, se encuentran en el libro “La Obra Secreta de la Filosofía de Hermes Trismegisto” de Jean d’ Espagnet.

Los francmasones operativos, que practicaban efectivamente la Opera o Gran Obra, sostenían que el hombre y la mujer estaban compuestos de Espíritu y Materia, y que toda posible evolución del ser humano se fundamentaba en las cinco fusiones ascendentes entre sus elementos espirituales y sus  compuestos materiales, denominadas las cinco bodas alquímicas, las cuales tienen lugar en cada una de las tres divisiones del mundo alquímico.

Primera División en el Arte Real.

Se extiende desde las Palomas de Diana y Finaliza con el Azufre Fuego, antes de la formación del Rebis Blanco.

Aspecto Material del Ser Humano.

En cada uno de los tres sectores en que se divide la Gran Obra deben realizarse, con relación al contenido material del hombre y la mujer, 7 acciones o trabajos   alquímicos, que  consisten en:

  1. Fragmentación.
  2. Licuación.
  3. Fermentación.
  4. Corrupción-
  5. Putrefacción.
  6. Volatilización e
  7. Ignición.

 

Todas estas siete acciones recaen sobre la parte material o corporal del  alquimista. En algún punto de esos componentes materiales, debe encontrarse “Nuestro Sol.”, que nos pide ubicar Ireneo.

Por otro lado, coexiste, en este sistema, la parte  Espiritual o Mercurial del hombre y de la mujer,  que se extiende por todo el proceso alquímico y en ese sector debe encontrarse “Nuestro Mercurio”, también motivo de nuestra búsqueda. Este campo Mercurial o Espiritual no es afectado por esas siete acciones o trabajos alquímicos, porque lo mercurial es perfecto, sin perjuicio que su superficial capa mineral, que le cubre como consecuencia de la Gran Caída, debe ser limpiada por el azufre en estado de León Verde.

¿Qué cuerpos materiales, en la primera etapa del proceso alquímico, deben ser: fragmentados, licuados, fermentados, corruptos, putrefactados, volatilizados e ignizados? La lista es abierta, porque depende de cada individuo, mejor dicho, de la calidad y experiencia de su propia materia. En forma sucinta  puede afirmarse que se someten a estas siete acciones:

  1. Luna y sol vulgares,
  2. El agua leprosa,
  3. El azufre precario en forma de Echeneis.
  4. León Verde.
  5. Saturnina Vegetalis.
  6. Azufre de los Filósofos y
  7.  Azufre Fuego.

 Paralelo a los cuerpos azufrosos, de esta etapa primera, tenemos al Mercurio Interno Coagulado, aspecto espiritual de todo ser humano, cuerpo que, en su inicio, está  recubierto por dos capas superpuestas de inmundos soles y lunas vulgares. Este Mercurio adormecido y aparentemente muerto es liberado e impulsado hacia el zenit por el Azufre en forma de León Verde, para trocarlo en Mercurio Interno Liberado.

Todo  este quehacer de lo espiritual y de lo material, lo diagrama y grafica la          augusta y nobilísima orden francmasónica operativa, mediante las dos             columnas huecas Boaz  o Gran vaso de la Naturaleza, y Jakin, o Vaso de la Belleza, en las que se guardan las herramientas correspondientes a los grados de Aprendiz y de Compañero, respectivamente.

En efecto, en la primera, Boaz, los aprendices custodian a los cuerpos azufrosos, o cuerpos materiales. Allí en ese Gran vaso de la Naturaleza (Boaz) se está en contacto con el desagradable fimo o estiércol de la vida, que enseña a trascender los límites de lo engañoso y no ser tocado  por el orgullo personal, ni ser alterado por las alabanzas y  vituperios. La febril y vertiginosa actividad realizada dentro de la columna Boaz, tiene por objeto, primero, la creación del cuerpo físico del hombre  y de la mujer, esa vasija tosca de barro, destinada a usos viles, y que está herméticamente cerrada, porque las partículas de materia que tiene, están en constante elaboración, hasta devenir en un cuerpo en forma de aguamanil, finamente cincelado y repujado, destinado a fines honorables. (Es el Cuerpo de Luz).

En la segunda columna hueca, Jakin,  los Compañeros guardan  elementos espirituales o Mercuriales de la Obra: El Mercurio Coagulado y  el Mercurio Interno Liberado.

De este somero examen, debemos concluir que “Nuestro Mercurio” y “Nuestro Sol” requeridos por Ireneo Filaleteo, no se encuentran en la primera división de la Alquimia.

Continuemos con nuestra indagación, tanto el azufre interno liberado, como el Azufre fuego, son liberados simultáneamente de las columnas Jakin y Boaz, y se proyectan hacia el Arco Real, donde se funden entre sí, en la parte central de ese Arco Real o Real Arco, dando lugar al Rebis I, o Rebis Blanco, cuerpo hecho de dos cosas, Mercurio Interno Liberado y Azufre Fuego, los cuales son representados en el Rebis Blanco por dos núcleos: azufroso y mercurial, que son precisamente “Nuestro Mercurio” y “Nuestro Sol” En este punto ya sabemos dónde se encuentran ambos, y cuál ha sido su proceso de preparación.

En esta segunda etapa que se inicia, la Vía Rápida o la del Rebis, se llevan a cabo  en la misma forma que en la Primera Etapa, sólo que esta vez las palomas de Diana son enormes como botes alados y las águilas como trasatlánticos. Se llevan a cabo mismos siete trabajos o acciones, de la primer etapa, pero ahora mucho más perfectos y eficaces. La partícula negra de la Primera Etapa, ahora consiste en otra absolutamente blanca, propia del Rebis Primero. Igual acontece con la Tercera Etapa: Se repiten los mismos trabajos que en las Dos Etapas anteriores, pero inconmensurablemente más profundos y significativos. La partícula que se trabaja ya no es negra, ni  blanca, sino roja, del Rebis Iluminado.

Opinión de Jean d’Espagnet sobre las tres divisiones de la Alquimia.

Señala, al igual que Ireneo, que el proceso alquímico se desarrolla en tres etapas, que él denomina “Círculos” porque las energías y fuerzas que los componen se desplazan en círculos.

  1. El primer Círculo Terrestre o Círculo del Sudor.

Está conformado por materia involucionada, compuesta de luna y sol, los componentes del Caos.

En el círculo primero campea la descontrolada fuerza de un fuego humoso, bajo y corrosivo, que hace de nuestra tierra un cenagal.

No obstante lo precedente,  esa energía  torpe y obscura puede cambiar su giro, si estudias y practicas el Arte Real.

En un principio, la materia gusta ser manejada por la energía del Caos (sol y luna vulgares), pues le brinda una falsa libertad en el mal, que le mantiene erróneamente enaltecida, ignorando que ello le conduce a una definitiva destrucción.

No puedes lograr el giro liberador, si te apegas a las energías y fuerzas artificiales, contrarias a la acción mercurial, rompiendo así la conexión natural que tienes con el Alkahest.

 2. El Segundo Círculo o Esfera Restauradora.

Se extiende desde el Rebis Blanco hasta la aparición del Rebis Rojo.

En este Segundo Círculo, tu conciencia propia de un Mercurio Interno Liberado, es capaz de trascender y dejar atrás esas noches oscuras, propias de una materia no preparada y, de este modo  tu mente, con la irradiación del Alkahest, se transforme en un bruñido espejo que pueda reflejar al Universo, esto es posible cuando es el Alkahest que rige a la mente.

El Segundo Círculo es una esfera de reposo y consolación.

El alquimista  alcanza en este segundo círculo, una percepción más penetrante del lugar a que es conducido, y también de cómo es ayudado.

Sus acciones se tornan más equilibradas, y su rota abandona ese agobiante girar del primer círculo. Eres separado de las acciones necias y trasmutas tus actos viles en acciones luminosas.

En el Segundo Círculo tu tierra es amasada y reblandecida, a la manera de los alfareros, con  el propósito que se mezcle mejor con la Luz.

En efecto, tu Tierra debe ser constantemente removida y  vigilada, porque al poseer la condición de una tierra virgen tiende, en cada segundo, a recibir la buena como la mala semilla.

El Adepto debe aprender del Alfarero, que  modela y pulimenta a la forma para otorgarle un fino y bruñido aspecto.

El movimiento de ese segundo Círculo es más alígero que el del Primer Redondel, debido a la fuerte purgación llevada a cabo en el primer Círculo del Sudor.

El movimiento de este segundo Redondel se torna más liviano y rápido, para prenderse y fijarse profunda e intensamente en el alquimista.

           3. El Tercer Círculo.

Su acción abarca desde el Rebis Rojo hasta su fusión con el Alkahest.

En este Tercer Círculo se impone una fuerte disolución, por la cual “lo endrino y más negro que lo negro” es doblegado por la Luz.

Es poderosa la fuerza del Tercer Círculo, ella desciende y se abre paso hacia las bajas, oscuras y pestilentes partes del proceso alquímico, allanando o destruyendo a todas las mezquindades obstructoras, fija sus energías y fuerzas en la periferia metálica o armadura negra que te envuelve, para que con la ayuda del Alkahest evoluciones y retornes al Hogar.

La acción del Tercer Círculo disuelve, una a una, las excresencias de tu Vaso, hasta cremar todas las impurezas de tu Tierra.

El Tercer Círculo actúa muy lentamente, porque tiene necesidad de un mayor tiempo para cumplir acabadamente sus funciones, Ello se debe a que el 90% de tu materia aún está fuertemente  endurecida, compactada y comprimida, por la intensa sensiblería   que te recubre.

Así pues, los dos primeros Círculos están destinados a disolver todo aquello que pesa innecesariamente en la percepción de tus sentidos exteriores no desarrollados, todo ello para que el Tercer Círculo congele y fije en tu Tierra la emanación que espera recibir desde el Origen.

El Tercer Círculo, en su trabajo, sólo se adhiere a lo Eterno, a lo que no cambia y permanece por siempre, Se apega a todo aquello que  por su extrema limpieza, puede adentrarse en la infinita radiancia del Origen, para  entregarla a quienes han madurado y pueden percibirla y absorberla muy lentamente.

La energía del Tercer Círculo debe envolver al Adepto, tal como lo hace una sutil brisa, que tiende su manto hacia el investigador, a fin de que todos sus elementos y esencias que le componen, no sean volatilizados.

De principio a fin hay un orden plenamente establecido, que rige a la  acción conjunta de los tres Círculos.

Un invisible nivel de conciencia gradúa la tonalidad de nuestra esencia, vale decir, que todo lo que existe, está regulado por una inconmensurable e inabarcable Inteligencia Superior.  Desde allí actúa un Plan  Divino ajeno, impermeable a las expectativas que pueda tener un hombre o mujer, quienes ni siquiera sospechan que estén sometidos a designios y a ordenamientos muy superiores a las voliciones meramente humanas.

Los tres Círculos giran incansablemente hasta ensamblar sus giros, de manera que concuerden los tres movimientos, como si se tratara de una sola rueda.

La energía circula en forma de espiras, plasmando su fuerza en daca forma-vida, con el propósito de transformar sus capas  minerales y metálicas en Luz.

 

  • Encierra en tu Vaso a “Nuestro Mercurio” y  a “Nuestro Sol”.

Al concluir la primera etapa de la alquimia, aquella que se extiende desde las Palomas de Diana hasta antes del nacimiento del Rebis Blanco, desaparecen con ella las columnas Boaz y Jakin, que son sustituidas por la Invisible Columna Hueca del Medio, que se hace perceptible en ese instante.

Esta Columna del Medio, tiene en su interior dos rotas, una inferior, la otra superior. En la inferior se desarrollan todos los procesos inherentes a la segunda división de la alquimia, esto es, las atingentes al desarrollo del Rebis Blanco hasta convertirlo en Rebis Rojo, y en la rota superior, tienen lugar todas las condiciones necesarias para que el Rebis Rojo se una conscientemente al Alkahest.

Por tanto, “Nuestro Mercurio” y “Nuestro Sol” quedan ubicados en la rota inferior de la columna del medio.

  • Rige con “Nuestro Fuego” a “Nuestro Mercurio y a Nuestro Sol.”

Nuestro Fuego es el Fuego de Pontano, que es el calor intenso que se produce cuando la irradiación del  Alkahest atraído por el primer régimen de Mercurio, o práctica del Solve et Coagula, choca contra la materia no preparada.

  • Y en cuarenta días verás a toda tu materia convertida en una sombrea, o átomos sin ningún motor que la impulse, ni movimiento visible que la anime, ni calor apreciable al tacto, a menos que la materia esté caliente.

En este punto Ireneo Filaleteo se refiere al segundo gran nigredo que surge al comienzo de la segunda etapa alquímica, la del Rebis Blanco o Rebis I.

El desfallecimiento de la propia materia se inicia y alcanza su ápice cuando la coloración blanca del núcleo azufroso del Rebis I, comienza a tornarse roja.

Como dije en “las Cuatro Alas de Mercurio” el núcleo del Rebis I es blanco, y debe tornarse rojo.

Este cambio de tinción significa que, el estado de nuestro cuerpo, permite progresivamente una mayor recepción  y fijación de un Alkahest más puro, eficaz y potente.

Esto ocurre en los primeros tres trabajos de la Segunda Etapa alquímica, Vía Rápida o Rebis Primero:

  1. El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto por azufre blanco y azufre rojo en una proporción de 2 a 3, es decir, por cada dos gránulos de azufre rojo, hay tres gránulos de azufre blanco o común.
  2. El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto en una proporción de 3 a 2, es decir, por cada 3 gránulos de azufre Rojo, hay dos gránulos de azufre blanco o común.
  3. El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto en una proporción de 4 a 1, es decir que por cada cuatro gránulos de azufre rojo hay uno de azufre blanco o azufre común.
  4. Todo el azufre Blanco o común se transforma en Azufre Rojo.

 

Durante este cambio de coloración, el alquimista experimenta un profundo vacío. En su interior todo experimenta un proceso de cambio, en tanto que en lo externo, todo parece detenerse.

Es esta una etapa de transición.

La aparente detención externa, incomoda y amedrenta a su cuerpo físico, porque pierde el sentido y significación de su quehacer cotidiano. Se ve privado del timón con que dirige a su mente concreta o mente común.

Le parece percibir que su materia no ejerce acción alguna, y la percibe como algo muerto.

Carece de todo estimulo que le impulse en el desarrollo de su Gran Obra, a menos que esté por arribar a su cuerpo de Luz. (Ireneo dice: a menos que su materia esté caliente).

El hecho que el propio cuerpo se perciba como una sombra, indica que la composición del cuerpo físico comienza a disolverse, anulando el mero discernimiento sensorial.

Sus sentidos externos no desarrollados que campeaban como señores y dueños en todo su quehacer cotidiano, comienzan a fermentar, a corromperse y putrefactarse, y el alquimista comienza perder su capacidad de adherirse a lo abajado y, por tanto, sus sentidos externos no desarrollados, cada vez más inútiles, comienzan a ser reemplazados por los  reales Sentidos Internos, que captan las irradiaciones del Origen.

Este cambio, el estudiante  experimenta, al principio,  una hiriente sensación de vacío y soledad. En esta situación temporaria siente que no tiene un cuerpo físico propiamente tal y tampoco se siente poseedor de un invisible Cuerpo de Luz.

Esta transitoria situación será superada cuando el alquimista alcance el rango de una conciencia propia del Rebis Blanco.

Te has preguntado, alguna vez, ¿por qué la vida de hombres y mujeres, y particularmente, la del sincero buscador o buscadora, se ve constreñida permanentemente por violentos vórtices de luz y de sombras?

Esto se debe a la propia constitución del  género humano.

Primero, fue el Oriente u Origen quien puso su parte: Por orden del Dios Innominado, el Alkahest  creó al Alma y al Espíritu del hombre y de la mujer.

Luego,  correspondió al género humano  emprender la tarea de crear sus cuerpos inferiores, porque toda Alma o Espíritu, para desarrollar su autoconciencia, debe realizar experiencias en un cuerpo físico.

Y por eso el hombre y la mujer espirituales fueron arrojados a un lejano y poco evolucionado planeta, cuya superficie está cubierta por dos franjas superpuestas y separadas, constituidas de los componentes del Caos: Sol y luna. Estos estratos cumplen dos funciones: Privarnos de toda conciencia espiritual, y forzarnos a trabajar ese fimo para hacer con él Nuestro Cuerpo de Luz única ánfora preciosamente cincelada, capaz de contener a nuestra parte espiritual.

Mientras tanto, la mayor parte de la humanidad está inmersa en ese cieno, y es manejada hipnóticamente por el Caos, de modo que todas las inmundicias de una Sodoma y Gomorra están patentes en esas dos franjas que a diario nos cubren y envenenan y, aún peor, su contenido  quedó tatuado en nuestro cuerpo mineral (lunar) y en nuestro cuerpo metálico hecho de sol negro (Armadura Negra).

Debemos asumir que, no obstante la maldad inherente de ese sol y luna vulgares, ese es el material  que desarrollaremos  para devenir en Almas u hombres compuestos  integralmente por Rebis Rojo. Eso es nuestra Matrix y la Matrix en todo el universo.

La lucha del pacífico guerrero alquimista, no se libra contra los demás, sino contra sí mismo, no destruye su Matrix, sino que la transforma en Luz y fundamento de su evolución.

roja y azul

“Matrix nos rodea. Está  por todas partes incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar cuando vas a la iglesia cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto  ante tus ojos para ocultarte la verdad”

Morpheo a Neo, en la cinta “Matrix”.