MUTUS LIBER (Francia año 1677) Significado simbólico de la plancha N°3

MUTUS LIBER (El libro mudo) TERCERA PLANCHA

por Apiano León de Valiente

En la cúspide de esta plancha aparece Júpiter quien, con su augusta serenidad, simboliza la elevación espiritual.

Sostiene en su mano derecha un cetro de poder, rematado por una flor de lis, que representa, con sus tres pétalos, las tres partes en que se divide el Arte Real:

I.- Desde las Palomas de Diana hasta la formación del Rebis Blanco.

II.- Desde el Rebis Blanco, hasta la formación del Rebis Rojo y,

III.- Desde el Rebis Rojo, hasta la unión de aquél con el Alkahest.

Júpiter está a horcajadas en un águila, puntualizando con ello su poder de desmaterializar a la Armadura Negra, virtud que transforma a la materia no trabajada en tierra elaborada y fértil al purificar todos sus compuestos infectos y groseros.

El Águila alude a la liviandad de la tierra, una vez que la materia ha sido trasmutada y liberada de su pesantez y torpeza.

El Águila, en sí misma, implica un alto grado de volatilidad.

Todos los corpúsculos del vaso o cuerpo, del alquimista, se activan una vez que:

El proceso de combustión se hace permanente y

EL Mercurio Interno Liberado se funde con el Azufre Fuego.

Una vez que se han fusionado: Él Mercurio Interno Liberado con el Azufre Fuego, se produce la elevación de todos los espíritus volátiles de la materia.

Mutus Liber, Plancha 3a.

Mutus Liber, Plancha 3a.

Cabe puntualizar que, desde el inicio de la Evolución, todo está sujeto y depende del Fuego Superior o Alkahest, cuya existencia y efectos no alcanza a percibir la materia no trabajada, a menos que la tierra alcance un estado intermedio de pureza y sutilidad.

El alquimista debe arribar a una efectiva transformación y sutilidad de su esfera inferior, regida por los tres chakras inferiores, fin de liberarse de todo hacer banal y artificioso, que entorpece su emoción, su pensamiento y su acción.

El círculo de nubes que rodea Júpiter

Estas nubes simbolizan, por una parte, a las corrientes que, desde lo Alto, sostienen y mueven a los infinitos mundos, que se tiñen, según sea la emanación, que de esas corrientes, sean capaces de absorber.

Asimismo, estas nubes representan al constante proceso de depuración que es dirigido desde lo alto.

El Sol y la Luna, situados en la parte media de la plancha tercera.

En este caso, son los emblemas del incognoscible poder de la Fuente Divina, que desciende hacia el centro de todas las cosas, a fin de incentivar y activar al Fuego interior, que ablanda a la forma de todas las expresiones de vida, y fomenta en ellas una continua transformación espiritual, que da impulso a una eterna combustión, que mueve y cambia cada hilo del constreñido tejido de la materia no elaborada.

Lo anterior, define y precisa el rango y capacidad de cada corpúsculo viviente en nosotros, los cuales en su punto central son tocados por el Sol y la Luna y lo mismo acontece con cualquier punto central existente en el Universo.

El Sol:

Todo lo que hay está perfectamente sincronizado y accionado, por la emanación del Sol.

Todo está sujeto a una permanente y variable trasmutación, donde la materia es fundida en una continua y externa combustión, que lentamente la impulsa y dirige hacia planos superiores.

La Luna:

La Luna es sinónimo de todo lo que es cíclico, a semejanza de sus estados crecientes y menguantes. Figuradamente, representa a los cambios que, dependiendo de la influencia ejercida por el Alkahest y la resistencia de la materia que lo recibe tanto en su centro, como en su periferia.

Todo se mueve en un lento, silencioso y sigiloso desplazamiento.

Este disciplinado quehacer nos conduce a un estado de muy lenta maduración. En efecto, en estos “Trabajos de Hércules”, no hay apresuramientos. Siempre se está en espera que se concrete y llegue a su plenitud determinado ciclo, para luego dar paso a otra etapa, siempre superior a la anterior.

Cada una de estas secuencias es individualmente sellada con la venia de la Jerarquía, quien permite que la materia de, cada vez, un paso más hacia la divina energetización que, en su curso, se desplaza por los mundos invisibles.

Se puede entender, entonces, que la sidérea senda que conduce a la plena maduración del Fuego Interno, requiere, de parte del alquimista, un nuevo nacimiento, y de un exigente período de experimentación, antes de ser verdaderamente encausado.

Al comienzo de esta Obra, la naturaleza humana se confunde, y en lugar de arrimarse a esta vibración armónica y salutífera, se prende al caprichoso impulso de la Fuerza Contra Natura, que encandila a los seres humanos y entraba su evolución.

Cuando se sabe cómo utilizar la Fuerza Superior, valiéndose del Solve et Coagula, el Alkahest es absorbido en forma de Rocío Cocido, que activa a la inteligencia espiritual (Manas), la cual se eleva por sobre toda acción material dirigida por una mente concreta, incompleta y pasional o Kama-manas.

Los tres círculos.

Generalidades.

Esta plancha se divide en tres círculos concéntricos. Estos tres círculos representan la línea circular de la evolución, que experimenta la materia, trayecto que faculta a la mente o Kama-manas, para darse cuenta que está dormida e incompleta.

Al desarrollar, paso a paso, el gran impulso de la Fuerza, que está oculta, constreñida y dormida detrás del aspecto forma, se comprenderá que la composición pétrea, o Piedra Bruta, está destinada a disolverse y transformarse, hasta lograr el pleno florecimiento de su Mercurio Coagulado.

Este Mercurio Coagulado será ascendido hasta fundirse, unificarse y teñirse con la esencia de la Tintura Superior o Alkahest.

Por consiguiente, la Piedra tomará la Fuerza de su propia Tierra, para atraer a las Fuerzas Superiores y disolver sus limitaciones o durezas metálicas, que le impiden expandirse y elevarse.

Los Tres Círculos, en particular.

El primer círculo es el del Centro.

Evidencia un estado de profundo sueño, por lo tanto, con su presencia dificulta el desarrollo y avance de los otros círculos.

Su movimiento, su quehacer es alternadamente convulso y lento.

Se manifiesta en él una fuerza artificial y contraria al desarrollo en la luz, y forma parte de los engranajes que mueven a la Tierra no elaborada alquímicamente.

Si uno no percibe que es movido por una Fuerza Negativa, y no la trabaja debidamente, esa Fuerza metálica se apodera de la vitalidad de la materia, instaurando en ella un poder malsano, peligroso y artificial.

El Segundo Círculo Medio.

En este círculo, cada elemento o compuesto del vaso, se convierte en otro estado de superior condición.

En este Círculo se cambia el curso de la energía negativa que se troca en positiva.

Así, se produce un despertar y un perfeccionamiento del Sol y de la Luna, en su aspecto de Fuerzas Caóticas, para que, uniéndose alquímicamente, den nacimiento al Azufre, que es la primera materia creada por el alquimista.

Esta boda alquímica, como las restantes cuatro, son posibles con la cooperación del Alkahest, que transforma lo oscurecido en esclarecido y activa al Fuego Interior, o Fuego de Pontano.

Lo precedente, causa la depuración de los Fuerzas Negativas, transformándolas en energías lumínicas.

El tercer círculo externo.

En este círculo, la energía interior del alquimista se ha transformado en un imán capaz de atraer, con su propia energía, a la Espiritualidad emanada de Oriente, o Alkahest, para fundirlo con el Mercurio Interno, cuyo creciente despertar, transforma en luz a todo lo entenebrecido.

Contenido de los Tres Círculos:

Contenido del primer círculo interior:

Primer Círculo central

Primer Círculo central

En este primer círculo central, hay un bote con dos pasajeros.

El de la izquierda comanda al Timón, en tanto que el de la derecha pesca con una Caña y con una Lienza.

El hombre de la izquierda, que empuña, el Timón, representa a aquella parte, muy escasa de la humanidad, que con diestra y esclarecida voluntad sabe manipular a sus placas negras que, de otro modo, someterían a su materia y le insuflarían una gran confusión y agitación, y la inducirían a cometer continuos actos contradictorios entre sí.

El adecuado manejo del Timón, impone una conducta que conlleva una percepción más aguda, más fina, capaz de desnudar a la artificialidad de lo irreal, propia de un hacer ilusorio que, finalmente, sustenta y nutre con bazofia a los seres humanos dormidos.

La actitud propia de un nauta consciente, atenúa y rechaza a la energía malsana, que impide ver todo el bien que invisiblemente retroalimenta a la humanidad.

Por otra parte, se debe considerar al personaje de la derecha, que pesca con una caña y con una lienza:

La escena de la pesca se refiere al esfuerzo que hacemos para llegar al fondo de nosotros, y a la profundidad de nuestros aspectos, para degustar los tesoros que oculta nuestro albañal.

Cuando está ausente esta fuerza centrípeta, predomina en nosotros, el desorden y la polarización con todo lo externo, que nos conecta a lo ilusorio.

En esas condiciones, no sabemos cómo prendernos al quehacer verdadero y desligarnos de las experiencias malsanas, que pueden anularse o disolverse con prontitud.

Hasta ahora nuestra materia se confunde y retorna, una y otra vez, a ser arrastrada por la pesantez de sus arrebatos y pasiones, y por el insondable abismo y oleaje tormentoso del Caos, Para evitar esto sólo queda realizar en sí la verdadera Enseñanza.

La nuestra, es una odisea esquiva, debido a que falsamente creemos que lo que buscamos está fuera de nosotros, y no en nuestro interior.

La Lienza, que sostiene el personaje de la derecha, lo une a Neptuno.

Con esa lienza pretende atrapar al “Oro líquido” que siempre se le escapa de las manos.

Ahora, puede cogerlo, pues conoce la manera de activar su Esencia o Mercurio Coagulado, u oro puro e inactivo. (La práctica del Solve et Coagula.) También puede ordenar a sus Cuatro Elementos, y dar vida a su Fuego Interior.

Neptuno: Es el Dios conciliador que separa las aguas, es decir, separa a la Luz de la Oscuridad, para que lo extremadamente endurecido y endrino sea, finalmente, disuelto y derivado a la Luz, para luego descender y ser acumulado como Materia Foliada, aledaña a nuestro vaso y, formar posteriormente, el Cuerpo de Luz o Cuerpo Dorado.

El Bote: Es el cuerpo o vaso que contiene al compuesto. El bote debe ser elaborado irrigándolo con Alkahest, bañando así al Mercurio y dando lugar a las subsiguientes trasmutaciones.

En el bote, al principio de las operaciones alquímicas, se mezclan las fuerzas contrarias, sin que todavía se manifieste un equilibrio entre ellas.

Los dos peces extraños que se desplazan entre el bote y Neptuno.

Corresponden a esos dos conceptos opuestos que hay que atrapar:

Lo grosero y lo sutil.

Lo grosero y lo sutil circulan por separado en el vaso. Son dos fuerzas de naturaleza contraria, que se manifiestan una aversión no transable, que concluye por el sometimiento de la una, sobre la otra.

Toda esta lucha implica un largo trabajo de depuración, o un amplio lapso de desorden entrópico, y consiguiente corrupción. Es el sello de la propia superación, que conlleva un largo trabajo de limpieza, en el que no cuenta, ni la fatiga, ni el tiempo empleado, hasta obtener la depuración de nuestra Tierra, sometida a innúmeros lavados ígneos.

La depuración es ineludible, porque sabido es que “el Espíritu Puro o Alkahest, no permanece en un cuerpo inmundo.

Neptuno en su Carro arrastrado por un Caballo de Mar.

El Carro:  simboliza a la Piedra, Materia o Cuerpo del alquimista.

El Caballo de Mar: Representa a las partículas más esclarecidas de nuestro cuerpo, que están conscientes de la labor alquímica, y ponen todo su esfuerzo para la buena consecución de la misma.

Es menester que las formas del Carro o Piedra, al igual que las del Caballo de Mar, nuestro cuerpo, sean descompuestas para extraer de ellas la esencia de sus compuestos.

Al disolver las durezas metálicas que dan forma al aspecto externo de la Piedra, se extrae de ese material su Espíritu Escondido, que equivale a la Simiente del verdadero Oro, el Mercurio Coagulado, cuyo tesoros superan a todas las preseas de Golconda, ya que corrigen el hacer meramente externo y distorsionado, que oscurece y para liza a una conciencia ya desarticulada por el Caos.

Todo aquél que, sin prestar resistencia, se deje llevar por el ondulante flujo de este mar mercurial, podrá llegar indemne a la otra orilla, y no así aquél que por estar dominado por el hacer huracanado de sus agitados estados, pues va directo al zozobrar.

Contenido del Segundo Círculo o Círculo Medio:

Segundo Círculo medio

Segundo Círculo medio

En su parte superior hay una mujer sentada, que mira a la izquierda, hacia un macetero con flores, que sostiene con sus manos.

Las flores simbolizan la ejecución de las siete operaciones que deben ejecutarse dentro del vaso, necesarias para completar la Gran Obra. Estas son:

1. Fragmentación.

2. Licuación.

3. Fermentación.

4. Corrupción.

5. Putrefacción

6. Volatilización

7. Ignición.

En el macetero sólo hay seis flores, porque siempre los tratadistas del Arte Real, omiten referirse al Primer Régimen de Mercurio.

Esta mujer es la Tierra nuestra, conectada a innumerables hilos invisibles que provienen del Alkahest, que la dirigen para que extraiga y active al Oro Espiritual, cuya transparencia ilumina al compuesto del vaso .

Los Colores representados en las flores:

El Color Negro o Nigredo: Caracteriza a la etapa del Nigredo. Este color envuelve a la materia que está en estado de putrefacción.

En el Nigredo todo se altera por la intensa descomposición de los compuestos.

El Color Blanco o Albedo: Está integrado por diamantinos corpúsculos que comunican al hombre o mujer, una pureza y sencillez que emana desde el interior de cada cual.

El Color Rojo o Rubedo: Representa al Fuego que aviva la depuración de la materia, llevándola a una completa sazón y madurez.

En la Obra se presenta una infinidad de coloridos pasajeros, que dan cuenta de cambios muy pequeños y casi insignificantes, que preparan el terreno para la llegada de colores más estables y perdurables.

Al lado derecho de la Mujer hay una planta con cinco flores, que representan al principio de unión de Energías Superiores, que descienden en círculos, para fusionarse las energías inferiores.

Los círculos energéticos Superiores, nacen de una misma Raíz sin raíz, o Fuente de la Divinidad, y se dirigen a esa brillantez mercurial que está sepultada e ignorada dentro de hombres y mujeres.

Por otra parte, con el número cinco flores, se recuerda que la raza humana ha devenido a la Quinta Raza, simbolizada por la Estrella de Cinco Puntas, que alude al hombre o mujer Azufre.

El ramo florecido alude a las múltiples depuraciones de la materia.

Esta Tierra es activada desde su fuente central o Mercurio Coagulado, una vez que éste es tocado por el Alkahest.

Torres, Casas, Arbustos, situados a la izquierda y derecha del Segundo Círculo.

Las Torres:

Simbolizan al Horno Filosófico, lugar secreto dentro del cual se realiza la más importante elaboración de la Obra.

La redondez del Atanor, es similar a la forma del cuerpo humano, cuyas paredes han engrosado indebidamente a causa del irreal que hacer exterior.

Dentro de este Horno, tiene lugar una elevadísima combustión, permanente e inextinguible, que fragua todas las operaciones de la Obra.

Representan el elevado estado que alcanza la materia cundo logra su florecimiento interior.

Las Casas:

Representan a la construcción de un Cuerpo Nuevo que, desde el comienzo de la Obra debe empezar a elaborarse. Ante de erigirlo, hay que disolver todo lo superfluo, con el objeto de purificar sus corpúsculos, y evitar que múltiples corrientes externas y térreas ingresen en el vaso, y entraben la construcción del nuevo cuerpo o Cuerpo de Luz.

Las energías externas y térreas serán posteriormente licuadas, y experimentarán la muerte filosófica de sus formas, para renacer en un estado más ascendido e iluminado, y esto ocurre cuando sus partes se dividen y separan en puras e impuras.

Los Árboles:

Los Filósofos o Alquimistas, denominan Árbol a la materia de la Piedra, porque el árbol representa al hombre, que también es una semilla en germinación o Mercurio Coagulado, y desde ese punto de vista, se habla de:

“Plantar el árbol Solar” labor que se desarrolla dentro de la Columna Boaz, y que se refiere a la unión alquímica del Sol y la Luna, luego la transformación de ambos, en azufre, la evolución de ese Azufre que desde echeneis, se transforma en León Verde y Luego, Azufre Fuego. Esa es la misma labor que se desarrolla en el arco izquierdo Solve, de la Rota Estrecha o Rota Humana.

También se habla de “Plantar el Árbol Lunar” que consiste en la labor que, desde la columna hueca de Boaz, emprende el Azufre, en forma de “León Verde”, tarea que consiste en disolver la capa mineral que aprisiona al Mercurio Coagulado, situado en la Columna Jakin. Una vez limpio el Mercurio Interno, asciende por la columna Jakin, y es expulsado por la parte superior de esa columna, desde ese momento es llamado Mercurio Interno Liberado, el cual después de recorrer la mitad izquierda del Arco Real, o Real Arco, se une al Azufre Fuego y dan lugar al nacimiento del Rebis Blanco.

El Cordero.

El Cordero representa al Mercurio Coagulado o Semilla de la Obra, aprisionado en la Columna Jakin.

Es la parte mágica que posee nuestra materia.

La unión del Alkahest con el Mercurio Interior dormido, es una operación fina y sutil, que silenciosamente obliga, al alquimista, a cambiar todo lo artificial que hay en él, para que pueda conectarse con el Alkahest o verdadera Energía.

No es nuestra forma o Armadura Negra, la que nos une al Alkahest, sino la permanente trasmutación del contenido del vaso. Se trata de una unión que todos podemos alcanzar.

El Toro:

Representa al Azufre incompleto, que se expresa como una fuerza ígnea descontrolada, que emana de una materia elaborada, cuando es tocada por el Alkahest, que la hace reaccionar con un ciego y avasallador.

El Alkahest que llega ella es perfecto, pero la materia que lo recibe no está debidamente preparada.

Mujer Sentada de Perfil con el Torso Desnudo.

Representa al espíritu del Azufre Vivo que se desplaza por sobre las aguas del Nigredo o Putrefacción. Posee el poder de fijar al Mercurio.

Reduce a la negra y acuosa Nigredo a una blancura resplandeciente.

Lleva en una mano una Lámpara, y en la otra una Red.

La Lámpara.

Contiene la llama secreta que está encerrada en la materia, que para ser activada, debe ser tocada por el Alkahest. Esta luz es denominada “Fuego de la Lámpara”

La Red.

Es un artefacto que sirve para capturar y retener.

En este caso, la red que sostiene esta mujer, hace referencia al poder de retener, que tiene el Azufre para fijar al Mercurio.

Esta Red se extiende hasta envolver la cola de la Sirena, que corresponde a la parte más primitiva de la materia humana, porque bien sabido es que el quehacer de la Gran Obra, debe comenzar por ocuparse, primero, de las tenebrosas sentinas de la Armadura Negra.

El Torso Desnudo.

Implica la apertura, el desenfado con que se explica el desarrollo alquímico.

El Tercer Círculo o Círculo Externo.

El Tercer Círculo externo.

El Tercer Círculo externo.

La voluntad del alquimista se ha trocado en imán capaz de atraer, por sí mismo, al Alkahest, quien transforma en creciente luz a todo lo oscurecido.

Este nuevo tipo de conciencia y poder se representa por una matrona de perfil, que luce una coleta en su nuca, y está sentada tras un pavo real. Señala, con su índice, hacia un grupo de aves blancas, que vuelan hacia la parte inferior del tercer círculo. Esta bandada de pájaros desciende por el arco izquierdo de la rota estrecha.

Es sabido que por el arco izquierdo Solve sube la materia, sea en forma de azufre negro, blanco o rojo. Pero debe reconocerse, además, que por ese mismo arco izquierdo Solve, permanentemente desciende el Alkahest¸ en forma de Lluvia Áurica, para todos los seres vivientes, y como Rocío Cocido para el Alquimista Sapiente. En esta última situación se trata de una destilación, o descenso del Alkahest. En tanto que en el arco de la Derecha, Coagula, se destila el Rebis Blanco o Rojo, según corresponda.

Cuando el Alkahest, en forma de Rocío Cocido desciende sobre la materia, ésta se tiñe de diversos colores, según sea su capacidad de absorber el Alkahest. Esa es la razón de porqué el pavo ostente todos los colores de este Trabajo de Hércules.

La coleta de su peinado, apunta al conducto que comunica al Alkahest con la fontanela de esa Señora.

Las Nubes situadas en la parte inferior de la Tercera Plancha:

Representan a la oscuridad que envuelve al ser humano. Señalan el gran desconocimiento e ignorancia, que refleja ese enmarañado plan que la mente concreta y limitada se ha auto-trazado.

Allí, en esa negrura, se produce la primera descomposición de su materia, que ve quebrada su dura resistencia exterior, o Armadura Negra, la que posteriormente es transformada en agua, aire y fuego, hasta hacerse transparente.

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