IRENEO FILALETEO, 1645. Cap. 13 – 18

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL  REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.   AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE

CAPÍTULO 13. ACÁPITE  18.

“DEL USO DE UN AZUFRE MADURO EN LA OBRA DEL ELIXIR”

Filaleteo comenta que  los  pretéritos Sabios alquímicos, decían que el Oro Filosófico u Oro Vivo es muy diferente  al Oro Muerto o Vulgar.

Estos sapientes  y versados alquimistas, de remoto pasado, recalcaban que la distinción entre ambos Oros se basaba en la diferente composición de ambos Oros (Oro Muerto y Oro Vivo.)

El Oro Vulgar es Un Mercurio Puro venido desde el Origen,  recubierto por dos durísimas capas, una de Mineral o luna, y otra de Metal o sol.

Se dice que un hombre está ya muerto desde que se ha pronunciado su sentencia capital.

Este hombre muerto es el profano, quien permanece prendido y prendado de su Sal o conjunto de soles y lunas, torpes, enredados y muy limitantes, y como si ello fuera insuficiente, está desconectado del Alkahest y, por ende, no puede traspasar su Caos,  y permanece bajo el yugo de la superficialidad emanada de sus durezas internas y externas.

Este prójimo  está muerto porque su simiente queda encerrada en un Silo que impide toda germinación.

Así, también, se dice que el Oro está Vivo, cuando está mezclado con cierta composición que es el Alkahest y, consecuentemente, al ser sometido a la irradiación del  Fuego Superior, cuya.  Cocción  ineluctable y rápidamente hace que ese hombre, antes muerto, deba participar de la vida germinativa y evidenciar,  en  pocos  días, los efectos de tal existencia.

ANÁLISIS.

En este acápite Filaleteo reitera opiniones sobre el Oro Vivo y el Oro Muerto.

En primer término, en cuanto al Oro Muerto, debemos preguntarnos ¿Quién es el hombre que está como muerto, desde que oye su sentencia capital?

 

Este individuo no es otro que el profano que comienza  a husmear sobre  el Ars Regia y que aún permanece automatizado por sus soles y lunas no trabajados. Vale decir, que dicho profano está desconectado de la irradiación del Alkahest, y permanece adherido a la superficialidad de una existencia sin Norte, conviviendo con lo que rezuman sus durezas externas e internas.

El hombre en referencia está muerto porque su simiente permanece en el Silo infértil.

Por último, en lo que atañe al Oro Vivo, Filaleteo dice que la Gran Obra de los alquimistas, florece y perdura cuando es regada por el Rocío Cocido. que la moldea adecuadamente según lo dispone el Alkahest.