IRENEO FILALETEO, 1645. Cap. 13 – 15

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.   AUTOR: APIANO LEÓN DE VALIENTE.

CAPÍTULO 13.

“SOBRE EL  USO DE UN AZUFRE MADURO  EN LA OBRA DEL ELIXIR”.

ACÁPITE 15.

Filaleteo expresa que los Sabios Sofistas disienten de lo que él –Filaleteo-  afirma sobre lo que es  el Oro Vulgar.

En primer lugar los Sabios Sofistas, sin fundamento alguno, declaraban que el Oro Vulgar que hay en ellos está vivo, en tanto que en el resto de los humanos está muerto.

Por otra parte estos Sofistas declaran que todo Grano de Trigo, o Mercurio Interno cubierto de capas de Mineral y Metal está necesariamente muerto, y será  eternamente un cadáver,  siempre que se le conserve en un ambiente seco, como un Silo. Allí siempre conservará su aspecto de un Grano de Trigo, pero nunca se trocará en Semilla.

Finalmente, los Sofistas aseguran que si el  Grano de Trigo es plantado en la Tierra y es regado por el Rocío Cocido, pronto  reemprenderá su vida fermentativa (El muerto revivirá), ese Grano de Trigo se humedecerá con el agua Viva  del Mercurio Superior, se ablandará y germinará.

ANALISIS:

Hay una disparidad  entre Ireneo Filaleteo y los Sofistas sobre el concepto del Oro Vulgar

Sabemos que, según Ireneo Filaleteo, el Oro Vulgar humano está rodeado y empotrado en sendas capas, una de Mineral (compuesta de lunas) y otra metálica (Integrada  por durísimos soles,  que en conjunto forman la Armadura Negra), la presencia de esas dos capas, constriñen  y sofocan al  Mercurio Coagulado y le suspenden su poder germinativo, que se  reanudará pausadamente cundo el Mercurio Coagulado sea regado por el Rocío Cocido.

Por otra parte los Sofistas  sostienen que el Oro Vulgar está muerto, a diferencia de Filaleteo que precisa que el Oro Vulgar tapado por excresencias minerales y metálicas, sólo tiene suspendidos sus signos vitales, particularmente su poder germinativo.

 

 

 

Según Platon, los sofistas, eran hábiles en el arte de mostrar la mentira como verdad y la verdad como mentira. (Ilustraciones de Honoré Daumier)

 

Por último los Sofistas y Filaleteo coinciden  en que una vez  que el Oro Vulgar es bañado por el Alkahest, el grano de Trigo se transforma en una Semilla, que se humedece. Con el Agua Viva Mercurial Superior (Alkahest),  se hincha, se ablanda y germina.

Como puede apreciarse, las diferencias de opinión, entre ambas banderías, los Sofistas y Filaleteo y sus seguidores no son tan radicales como parece, y por sí solas no justifican totalmente las aprensiones de Filaleteo.

A mi  juicio, los motivos del distanciamiento entre los Sofistas e Ireneo, deben buscarse en causas más hondas y generales.

Primero debemos preguntarnos ¿Quiénes  son los Sofistas?

Los Siete Sabios de Grecia: estadistas, filósofos y legisladores que vivieron entre el 620 y 550 AC: Quilón de Esparta, Bias de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pitaco de Mitilene, Solón de Atenas  y Tales de Mileto.

Al principio, ciertamente fueron verdaderamente instruidos, tanto que a algunos de ellos se les nominó “Los Siete Sabios de Grecia”, pero con el correr del tiempo, decrecieron sus capacidades, e incluso retrogradaron al transformarse en cómodos agnósticos al evitar sistemáticamente en ocuparse de asuntos relativos a la Deidad, o trascendentes cuestiones metafísicas, por estimar que, en ese campo, la mente humana era incapaz de arribar a conclusiones veraces. Y se tornaron, a su vez, muy proclives  a la relatividad que impera en todo, de modo que incluso que, según ellos,  la línea divisoria entre  lo cierto y lo falso, lo bueno y lo malo, lo incorrecto y lo correcto era tan débil y difusa, que para buscar la más acomodaticia y conveniente de las decisiones,  había que atenerse al poder mágico y sugestivo  como de convicción que tiene una  encendida y astuta oratoria. Capaz de tornar en nada a las más poderosas verdades, y fortalecer y elevar  a los estratos  más sublimes y puros del ideal,  a argumentos sosos, obtusos y débiles.

 

Los sofistas, pseudo filósofos, fueron desacreditados por el divino Platón, y quedaron reducidos al papel de hábiles engañadores.

Los Sofistas son ávidos estudiosos de lo externo, pero ignoran y no saben dirigir la mirada hacia su mundo interior, palestra donde el  hombre y la mujer quedan reducidos a  una bestia o se transforman en un Hombre o mujer Nuevos, de manera que persisten en quedar empotrados y atrapados en su Grano de Trigo y nunca llegarán  a ser una fructificante semilla de perfecciones.

La diferencia esencial que media entre Filaleteo y  los Sofistas consiste en que los Sofistas  no trabajan alquímicamente su Azufre o Personalidad, como lo estatuye el Alkahest por mandato del Dios Innominado. Y permanecen sumergidos, congelados y fijos en una  densa  oscuridad y consumiendo siempre una misma  bazofia.

Filaleteo, por el contrario, como sus preclaros seguidores, trabajan incansablemente desde su interior en el constante mejoramiento de sus metales y minerales.