IRENEO FILALETEO, 1645. Cap. 13 – 13

Capítulo13

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.               AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.
CAPÍTULO 13.
“DEL USO DEL AZUFRE MADURO EN LA OBRA DEL ELIXIR”
ACÁPITE 13.

Filaleteo nos recalca, una vez más, que la alquimia está integrada por dos senderos:

1, El primero que surge desde la Columna Hueca de Boaz, que es sombrío, ornado de abrojos y espinas corrosivas,  que con el esfuerzo de hombres y mujeres y con la ayuda del Absoluto debe transformarse, a la postre en una ruta de Luz. Este es el camino de la Personalidad humana o Azufre.

2, La otra Ruta, (la del Mercurio) la de la columna Jakin, que está compuesta por radiante Mercurio, que en su inicial curso, está envuelto con una delgada película de mineral que, en su punto, será desplazada por energías azufrosas emanadas de la Columna Boaz

El Mercurio es un elemento puro y perfecto, pues es, en verdad, la propia entidad nuestra que descendió desde el Origen, arrastrada por  la Gran Caída.

El problema que surge durante toda la Vía Larga, consiste en que el hombre y la mujer, dominados por una personalidad materialista, no tienen contacto  consciente alguno con el espiritual caudal Mercurial, cuyo contacto tornaría al  reptante y limitado  género humano en un avispado Marqués de Carabás, o Gato con botas de 7 leguas.

Lo cierto es que ese maridaje de Materia y Mercurio, no se produce, y los habitantes de la Vía Larga están obligados  a ser como la Vasija o vulgar recipiente de barro, destinada a los empleos a viles.


Castillo de Dampierre, Francia, artesón 8 de la segunda serie. .ALIVD.VAS.IN.HONOREM.ALIVD.IN.CONTVMELIAM. (“Una vasija para usos honorables y otra para empleos viles”)

El vaso de barro representa al Cuerpo físico, herméticamente cerrado, porque las partículas que contiene están en constante elaboración

Las partículas de este hombre materializado están endurecidas, secas y corrosivas, y por lo tanto deben ser tratadas intensamente por el Alkahest, durante la vía larga, para que accedan a diversos y superiores estados de conciencia, que les permitan transformarse en  un búcaro repujado y finamente  cincelado, capaz de contener al Mercurio. Entonces, al comenzar  la Vía Larga, sobre  el Arco Real se produce la unión del Azufre Fuego con el Mercurio Interno Liberado.

Durante el curso de la Vía Larga ambos senderos de evolución se desplazan paralelamente, sin tocarse ni juntarse, todo ello, sin perjuicio que el Azufre contenido en  la Columna Boaz, o personalidad humana, irradie energías azufrosas que limpian e impulsan al Mercurio interno sito en la Columna Jakin.

En este trabajo sólo se esfuerza el Azufre de la Columna Boaz, que debe ir logrando diversos estados de conciencia, cada cual más amplio y poderoso que el anterior, que Uds., ya conocen y que, en síntesis,  se refieren a las Palomas de Diana, el Agua Leprosa,  el Echeneis, el León Verde y el Azufre Fuego.

En tanto que en la Columna Jakin tenemos al Mercurio Interno, que siempre es un elemento puro y perfecto y que no requiere de trabajo alguno de parte del mismo Mercurio de  la columna  Jakin, pues la capa sucia de mineral que lo envuelve, es limpiada por el Azufre desde la Columna Boaz, que envía sus  energías azufrosas para limpiar y transformar en Luz al sedimento o capa mineral que envuelve al Mercurio Interno, que descansa en el interior de la Columna Jakin. Esas mismas energías azufrosas impulsan al Mercurio hacia las alturas.

Como pueden ver el único que trabaja en esta etapa es nuestra Personalidad, que se manifiesta en forma de Azufre, cuya ímproba tarea de Hércules, aprovecha el Mercurio situado al interior de la Columna  Jakin.

En este acápite  Filaleteo subraya que sin Mercurio no hay alquimia y, dada su importancia, él (Filaleteo) nos proporcionará nuevos antecedentes sobre el Mercurio que nadie ha expuesto, ni explicado antes que él, asimismo, hace presente que en la labor del Ars Regio tiene igual importancia el Azufre, porque es él, desde el momento que alcanza la conciencia de Echeneis es él quien retiene, en nuestro Laboratorio al Mercurio Interno, el cual, sin la acción del Azufre se evaporaría.

ANÁLISIS:

En este acápite, Irineo Filaleteo, se refiere a la fundamental importancia que tiene en Nuestro Laboratorio Interno el Mercurio y el Azufre.

a) Importancia del Azufre. El Azufre es la parte material inserta en nuestro Vaso y contenido, a partir de la Gran Caída, ocasión en  que nuestro Mercurio se cubrió con las capas materiales de Mineral y de  Metal.

Esta situación tan limitante y oscura es el punto de partida de nuestra  Personalidad, la cual forzosamente está  atrapada en la materialidad, por cuanto, inicialmente,  el aprendiz de alquimia  es obviamente un conjunto de toscas materias, hechas de sol y de luna revueltos y encajadas en la Columna Boaz,  las que deben ser sometidas a fuertes pruebas, hasta que esa materia o Personalidad abstrusa y torpe  se transforme en una vasija digna de contener a nuestro Mercurio Interno Liberado.

El Azufre, compuesto de sol y luna, es una composición, terrestre, material. Es un Fuego degradado, por haber sufrido infinitas contaminaciones y tinieblas en el curso de los eones.

La presencia de este Fuego abajado motiva la creación  de formas-vidas pesadas, oscuras y desconectadas del Alkahest, Estas formas Vida, son los hombres y mujeres, como su  medioambiente, antes de ser tratados por el Ars. Regia.

¿De qué está compuesto tu propio ser?

De un Fuego reptante, humante, caótico y corrosivo, que da origen a una personalidad no iluminada y

b)  Tu Ser está, también integrado por otro Fuego que es puro, el cual deviene directamente desde el Origen, quien espolea acicatea, y modifica positivamente tu Personalidad.

Primeramente, este Fuego ardoroso y superficial, se manifiesta como un Fuego aplastado que constriñe y paraliza al Mercurio Interior, transformándolo en Mercurio Coagulado e inactivo.

La Personalidad, que es el Azufre, debe ser elaborada mediante la acción de la poderosa irradiación del Alkahest.

Sin perjuicio de lo anterior, la presencia del Azufre congela o fija a la irradiación del  Mercurio externo o Alkahest  en nuestro Vaso y su contenido, como el Echeneis paraliza a los barcos.

Sin la presencia del Azufre, la irradiación del Alkahest se volatilizaría irremediablemente, evaporándose en nuestro Laboratorio Interno.

Hasta aquí he comentado al Mercurio exterior o Alkahest, nos resta exponer al Mercurio Interior en su  forma y aspecto interno, coagulado y liberado.

La presencia y actividad del Alkahest origina en todas las formas- vidas, limpieza, liviandad sabiduría, y perfecta conducción hacia el bien y a la Divinidad.

El Fuego del Alkahest no es tocado, ni afectado por las fuerzas abajadas que pululan en el Vaso y su contenido.

Es el  Fuego Divinizador o Alkahest el que conserva y depura a las Energías Esenciales del género humano, y las conduce, mediante sucesivos baños de Fuego a su hogar, que es el Origen.

No es posible captar, a simple vista, la grandiosidad energética del Alkahest o Fuego Activo e Invisible.

El buscador, desde el Inicio de su Obra, debe descomponer, mediante la irradiación del Alkahest  a las fuerzas caóticas, para que la evolución del alquimista sea dirigida por otra conexión cada vez más perfecta para que la propia Materia se purifique, y decrezca su estado oscurecido.

El Mercurio coagulado es un Mercurio puro empotrado en una sucia costra de  mineral, Es un Fuego paralizado e impedido de toda acción porque está oculto bajo el peso de las capas metálicas y minerales no elaboradas.

Las durezas que rodean al Mercurio Interno, transformándolo  en Mercurio Coagulado, conforman una situación que se arrastra y permanece durante toda la  Vía Larga, a menos que las capas minerales y metálicas sean penetradas y licuadas por el Alkahest, para que el  Azufre pueda empaparlas completamente y produzca en ellas una prolongada fermentación que transforme a metales y minerales en Luz, y con ello libere al Mercurio Coagulado, para que devenga en Mercurio Interno Liberado.