Ireneo Filaleteo, 1645, Cap 13-10

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.   AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.

CAPÍTULO 13.

“DEL USO DE UN AZUFRE MADURO EN LA OBRA DEL ELIXIR”

ACÁPITE 10.

1.- Ireneo nos aconseja que debemos cuidarnos de los mercaderes, pues son un peligro viviente para los alquimistas. Estos mercaderes, sea los que trafican en oro o plata, o tan sólo aquellos que evidencian una enorme  y malsana curiosidad por el Arte Real, no son tan estúpidos como ellos quieren aparentar.                                                                              Si te dicen que respetarán lo que haces, y que incluso cerrarán sus ojos, para no ver cómo haces lo que haces,  pero de parte ellos  bastará una  mirada de soslayo para descubrir y desvelar lo necesario para causarte las mayores molestias y desasosiegos.

2.- La plata y oro alquímicos, sea la plata física y amonedada, o la alta vibración en forma de sabiduría, alcanzada por el laborante, tienen una finura y afinamiento, que no pueden encontrarse en ningún lugar.

Por otra parte, la plata amonedada que proviene de España, que está entre las mejores, no sobrepasa en  calidad a la esterlina inglesa, ambas  se presentan en forma de rudas  y toscas  monedas que se transportan furtivamente, de contrabando, infringiendo todas las disposiciones legales sobre el particular.

De modo que si tú vendieras una gran cantidad de plata pura, por ese sólo hecho ya te habrás delatado.

Ahora, si tú sabes que tu plata, esa que has producido según las reglas del magisterio, es peligrosa, quizás quisieras adulterarla, sin tener autorización para ello,  e incurrirías en un delito sancionado con la pena de muerte, según los poderes legislativos de Holanda e Inglaterra, que disponen que toda alteración o cambio del oro o de la platas que se refleje en su peso, indicado en la balanza, es susceptible de ser sancionado con la pena capital, a menos  que esa modificación sea autorizada por un orfebre profesional.

ANÁLISIS.

1.- Rechaza de inmediato la intromisión de todo mercader, que pretenda sondear tus quehaceres alquímicos, incluso a aquellos que sinceramente desean compartir la Sabiduría y poder que conlleva el Ars. Regia.

Lo anterior, porque ese ardiente propósito de saber  sobre este  Arte, es un deseo engañoso. Porque esos mercaderes no saben lo que van a recibir, ni sospechan los efectos que en ellos producirá la consecución de su Gran Obra, es decir cuando tratan de elaborar su  propio oro interno.

2.- Todo lo que es elaborado alquímicamente en tu Vaso y su contenido, no deriva, ni se encuentra en ningún lugar común, es una plata y oro de elevadas virtudes y extremada pureza, que se encuentra en todos aquellos que han obedecido los mandatos y exigencias del Alkahest y, además, han logrado una permanente conexión con ese Mercurio superior.

Las aludidas monedas  rudas y toscas, al parecer de Filaleteo, son alusiones a un conocimiento inmaduro que no agrega un saber real, e infringe toda `prescripción del proceso alquímico.

Si el alquimista vendiera una gran cantidad de plata u oro puro, se delataría a sí mismo, si entonces decidiera rebajar la pureza de su producción, para no atraer sospechas y consecuencias graves para él, incurriría en una falta no tolerada por el Magisterio.

La sabiduría no puede ser disfrazada, ni adulterada,  porque dichos procederes traicionan la Enseñanza  recibida. La alquimia debe trasmitirse tal como es, aunque no sea valorada por quienes la reciben.

La producción del oro y la plata finos, no está al alcance de un principiante, pues  es del dominio del Adepto.