Ireneo Filaleteo, 1645, Cap 13-VIII

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR FRITZ GOTTLIEB           AUTOR APIANO LEON DE VALIENTE

CAPÍTULO 13.

“DEL USO DEL AZUFRE MADURO EN LA OBRA DEL ELIXIR”

ACÁPITE 8.

 

Ireneo Filaleteo alude a una interminable secuencia de alquimistas y pseudo alquimistas que fueron ejecutados por el sólo hecho de sospecharse que practicaban el Arte Real.

Tales  arbitrariedades, como se  asevera en distintos puntos de las obras del autor en comento se  debe a la precaria condición de la materia de jueces y abogados que participaron en esta verdadera caza de brujos.

En  efecto, la mayor parte del  poder judicial de ese tiempo, estaba conformado por una Tierra carente de lucidez que  dañaba y destruía todo lo que no podían comprender.

 

ANÁLISIS

 

Características  de un Alquimista:

El alquimista es necesariamente distinto al resto de  los humanos. Su sola presencia, su ritmo y equilibrio en el  quehacer de su vida, emana una tonalidad distinta, que lo resalta del resto de los seres, y esto es suficiente para que lo envidien, lo acechen, rechacen, excluyan denuncien y ajusticien..

Además  el discípulo de Hermes, tiene un vista penetrante para calibrar abiertamente a sus opositores, y puede detectar la vestimenta externa que es metálica y mineral, que cubre al vulgo, y que es movida por los hilos del Caos, para injuriar todo aquello que no les es afín.

Algunos estudiosos, que son conocedores sólo de una parte del proceso alquímico, piensan  que hay razones más que suficientes para estimar que son conocedores del Ars. Regia, y sienten envidia por lo que ellos aún no han superado a los Alquimistas más avanzados. y dominados por sus bajos impulsos traman argucias  que tratan de pasar por verdaderas.

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Los practicantes no pueden ocultar el grado de avance en  sus respectivas Obras, y siempre están expuestos a que  terceros  acechadores los calibren erradamente, y aunque oculten su Saber con el más estricto sigilo, de todas maneras  despiertan en el vulgo de todos los escalafones sociales, el  afán de perseguirlos y destruirlos. Y por eso en el cuadro social de aquella época, debían sortear repetidamente peligros mortales.