Ireneo Filaleteo, 1645. Cap 11 – X

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB   AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.

CAPÍTULO 11

DE LA INVENCIÓN DEL MAGISTERIO PERFECTO

ACÁPITE X.

Ireneo dice:

  1. “Finalmente intentaron purgar el Mercurio con él, pero su trabajo fue inútil, ya que en este hijo de Saturno había una malignidad arsenical mezclada de azufre absorbida en él, y a pesar de ser muy poca respecto a la gran cantidad que el azufre posee en su naturaleza, impedía, sin embargo la unión de este azufre con el Mercurio.  Por ello intentaron templar esta malignidad por la Palomas de Diana y les respondió el éxito. Mezclaron entonces la vida con la vida, humedecieron la seca mediante la líquida, animaron la pasiva con la activa y vivificaron la muerta por la viva. Así, el Cielo estuvo nublado por un tiempo, pero, tras abundantes lluvias, ha recobrado la serenidad.”

 

Los Sabios encontraron un Azufre Inactivo en lo más profundo de La Casa del Carnero, y aunque este Azufre era capaz de atraer otros Azufres Activos, falló en su cometido de limpiar al Mercurio Coagulado.

Y, ¿Por qué?

Porque en el Hijo de Saturno o la Materia no elaborada del Alquimista hay, además del Azufre, una intensa malignidad arsenical, la cual es absorbida por el Azufre, lo que impide a este Azufre verdaderamente activo pueda producir cambios en la película mineral que cubre al Mercurio Coagulado.

Para evitar la repetición de los fracasos ya especificados, los Sabios recurrieron a Las Palomas de Diana. Señalar esto, equivale a dar por entendido que, el Alquimista en ciernes, acosado por los dolores de la vida, polariza las lunas de su soles, y contando con la aquiescencia del Todo Poderoso, hubo de   escoger, a cabalidad, cursar la senda del Ars. Regia.

 

Ahora lo Sabios tuvieron éxito, porque tenían la clave de la mortificación y limpieza de los metales y minerales, de este modo mezclaron la Vida Superior o Alkahest  con la Luz que permanecía congelada en el Mineral; la Seca o Materia  árida con la fresca Agua Viva del Alkahest- Animaron lo pasivo,  preseas y tesoros adormidos en el hondor de su materia, y vivificaron, por el mismo Alkahest, todo desarrollo posible que permanecía olvidado en la tierra del Alquimista, y aunque el cielo de la Alquimia estuvo por algún tiempo, oculto e inaparente por nubarrones propios de la Vía Larga, tras abundantes lluvias ígneas , el Alquimista accede a la serenidad propia de la Vía Corta.

 

ANÁLISIS.

1.- En todo este material, tanto en el acápite X, como en el capítulo XI, en los que se exponen tremebundos fracasos, al final coronados por el éxito, no sólo se hace referencia al curso del proceso alquímico, sino que también  se describe, con certero trazo, la fórmula secreta y milenaria, que impulsa ineluctablemente a  hombres y mujeres para ascender desde la esfera de las tinieblas hacia el reino de la Luz.

En efecto, las tinieblas, las sombras y lo grisáceo, las dificultades aparentemente insuperables, las desilusiones sobrecogedoras que te dejan frustrado y vacío o vacía comienzan a disiparse, un vez que los Sabios requieren el auxilio de las Palomas de Diana.

 

Aurora Consurgens finales del s. XIV: El Alquimista está arrodillado ante su vaso y el fuelle es el Solve et Coagula, y en este punto concurren las Palomas de Diana, las que eligen una porción de su tierra oscura y tenebrosa, para ser sometida al Trabajo Alquímico.

En otros términos, cuando se faculta al alumno para adentrarse de lleno, en vivo y directo al núcleo vivo de la alquimia y  al comprometerse a realizar, diariamente, una luenga tarea, como lo es la práctica del Solve et Coagula, el educando debe comprender desde el inicio  que él está compuesto por dos principios: Materia y Espíritu.

El Alquimista “en verde” o en sus inicios,  está sumergido en la materia sucia, negra o refractaria a la Irradiación del Alkahest. Esta oscuridad está compuesta por los pre-Azufres, como lo es el agua metálica, que le hostiga y le hace fracasar una y otra vez.

Las capas metálicas y Minerales poseen un aspecto doble, esto es, se pueden manifestar activa o pasivamente.

Una placa metálica o una película Mineral son activas cuando surgen y se manifiestan con toda su potencialidad magnética y negativa  derramándose, ya sea como una oscura y quemante agua metálica o una heladísima y mortalmente corrosiva Agua Mineral, que tiñe con su maligna impronta a cada impulso y acción de la materia humana.

Como señalé, también las placas metálicas y minerales, suelen manifestarse en forma pasiva, es decir, mantiene a su corrosividad en un estado latente o virtual, quieto y enquistado en la materia, y entra en acción y se hace presente como un imprevisto y demoledor zarpazo, según lo precise y amerite su oscuro y limitado  juicio

Mientras la materia continúa su vía crucis de transitar necesariamente por senderos de abrojos y correosas e irritantes espinas, permanece  en un estado de franca torpidez, que no le impide manifestar su abestiada crueldad.

No es posible alcanzar el desarrollo espiritual si uno se priva de la amarga triaca de la Vía Larga.

Esta constante y formidable gesta comprometida en el ascenso físico espiritual del hombre y mujer iniciados desarrolla, con el tiempo todos los caracteres de un Trabajo de Hércules, que se prolonga por largo tiempo, lapso que depende de la fortaleza y perfeccionamiento que la materia adquiere con esta repetida experiencia.

Todo el quehacer alquímico se desarrolla, en primer término, en el sector material del Alquimista, la forja de este tenebroso material, se lleva a cabo en la Casa del Carnero o columna hueca Boaz en la primera rota alquímica, sita en la parte inferior de la Columna Boaz.

Boaz y la primera rota son prácticamente sinónimos.

En cuanto al sector Espiritual, el alumno lo desconoce todo, lo único que vislumbra es que su sector espiritual está depositado en la Columna Hueca de Jakín, en forma de Mercurio Interno Coagulado (Envuelta en una delgada película de Mineral).

La simbología alquímica, nos dice que la parte Espiritual es perfecta, no puede agregársele ni un adarme más de Luz, su desarrollo está compendiado en lo que se denomina los Misterios Mayores o Grandes Misterios que, en síntesis, se relacionan con el desarrollo del Alma, tanto la Blanca como la Roja, denominadas, en cada caso, Piedra Blanca o Piedra Roja.

En el trasfondo de este tema se yerguen, irrebatibles en sus designios, las dos Vasijas Alquímicas. La una de greda o barro para usos viles, y la otra de plata repujada y cincelada destinada a los usos honorables.

 

Chateau du Dampierre, Francia. Artesón 8 de la segunda serie: ALIVD.VAS.IN.HONORE.ALIVD.IN.CONTVMELIAM, “Una vasija para los usos honorables y otra para los empleos viles”. Aparecen dos vasijas, una en forma de aguamanil repujado y cicelado y la otra como un vulgar recipiente de barro.

La vasija de tierra modelada representa al Vaso o Cuerpo de hombres y  mujeres no afinados. Es el bajel que nos transporta por las procelosas y negras aguas de la Vía  Larga.

Quien viaja en esta negra vasija, se identifica plenamente con ella, no hay otra realidad más que la que se vive en ella, y en  caso alguno se tiene conocimiento  de la existencia de la otra vasija de plata, repujada

Y cincelada que ansiosa le aguarda como Nuestro Mercurio, en el Rebis Blanco, o Rebis Primero.

El hombre y la mujer investidos como vasijas de barro, y mientras transite por la escabrosa Vía Larga están desprovistos de un pensar claro, definido y particularmente intuicional y, por ende, cual  arrebañada multitud, se ocupan vertiginosamente de miríadas de minucias pequeñas y grandes, manteniendo en vilo a la masa humana, bajo un espada de Damocles, que reiteradamente amenaza con una devastación atómica y definitiva. Estas aprehensiones son inevitables, porque desde el hombre más humilde, hasta los dirigentes de las más altas cúpulas mundiales, son todos Vasijas de barro.

Todos lo son. Los encuentras en el Bus que te lleva al sitio de tu trabajo, los encuentras en tu hogar, incluyéndote tú mismo, en la Iglesia, en los centros de Educación…por doquier.

 

Y si el reconocido poeta español don Jorge Manrique (1440? – 1479) te preguntara, como lo hace a través de las coplas a la muerte de su padre:

XVII

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d’amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?
Posiblemente tú le dirías:

-Mire pues, Vuestra Merced, aquellas amantes princesas, envueltas en esencias, brocados y tules, no eran más que vasijas de barro, y como tales, hasta el presente, han debido retornar a este globo terráqueo, para volver a partir y regresar una y otra vez, para que con la corrección de las causas que motivan sus grandes o pequeños dramas, tejan el camino de evolución que las llevará de la oscuridad a la Luz.

P.D. Pero no podemos asegurar que vuelvan a ser princesas, porque las experiencias vitales deben variar según lo requiera la evolución de cada vasija de barro.