IRENEO FILIALETEO 1645. Cap 9-II

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.    AUTOR: APIANO LEÓN DE VALIENTE.

CAPÍTULO  9

ACÁPITE     2.

En este acápite Ireneo Filaleteo, dice:

Haz de saber que Nuestro Mercurio domina a todos los cuerpos metálicos.

-Y puede resolverlos en su primera materia mercurial, separando sus azufres.

-El Mercurio de una, dos o tres Águilas impera sobre sobre Saturno, Júpiter y Venus.

-De tres a siete Águilas impera sobre la Luna y

-De  siete a Diez Águilas impera sobre el Sol.

ANALISIS.

Ireneo vuelve a considerar las hileras o ringleras, con  sus respectivos contenidos, y aunque estos temas,  de todas maneras, han de ser alcanzados, entendidos y ejecutados, con el sólo hecho de practicar rigurosamente el Solve et Coagula, comentaremos sus alusiones por ser de suyo interesantes.

1.- EL MERCURIO EXTERNO O ALKAHEST CON LA FUERZA DE UN ÁGUILA.

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“El Rocío de los Filósofos”, Catedral de Amiens, Francia. El Alquimista expectante, observa cómo un torrente de Luz Blanca desciende hasta un Vellocino de Oro, la recompensa por su propio trabajo de toda una vida. Es merecedor de recibir el “Rocío Cocido” o Alkahest.

Ireneo se refiere al primer casillero  izquierdo, de la Primera Hilera o Ringlera. Vale decir, a la inicial purgación en la Vía Larga.

La energía ejercida por esta única Águila es débil, no obstante ello, ataca a Saturno, que es la gruesa cubierta de Mineral que aplasta, minimiza y ahoga al Mercurio Interno Coagulado. Saturno es la tumba del Mercurio Coagulado. Saturno también simboliza al obscurecimiento y al endurecimiento de la Materia no elaborada.

Durante este primer lavado ígneo la materia se agita y se ve envuelta  por un intenso estado de confusión. Sus elementos están torpemente entrelazados, en tanto el Alkahest no los ordene y active.

El aspecto obscuro o metálico equivale a  la dominación del Caos, que debe ser reducido mediante una permanente combustión provocada por el arribo de la vibración del Alkahest.

Esta mortificación o purgación de las Fuerzas Metálicas, es una tarea difícil de lograr con bien, pues se trata de encauzar a la energía artificial y malévola que, con astucia, oculta sus intenciones  mientras obstruye, a como dé lugar,  a toda acción que perturbe la estabilidad de su reino de tinieblas.

El compuesto de la Obra tiene, en este lapso, un aspecto gris, lúgubre, desolado mortuorio  y es, sin embargo,  el primer indicio que la Obra avanza.

En este punto comienza el refinamiento de todas las acciones del contenido del vaso. Simultáneamente el alquimista debe prestar atención a todas las acciones de su cuerpo que manifiestan impulsos obscurecidos que  contrarrestan al proceso alquímico en elaboración.

El Alkahest con la potencia de un Águila es suficiente para decolorar a la tierra negra (la del Nigredo), apareciendo sucesivos tintes intermedios entre el negro y el blanco.

El color Blanco indica una naciente fijación del Alkahest en la materia.

2.- EL MERCURIO EXTERNO O ALKAHEST, CON LA FUERZA DE DOS ÁGUILAS, IMPERA SOBRE JÚPITER.

En esta instancia  se producen definidos estados de ordenamiento interior, que permiten experimentar vibraciones más sutiles que, con su liviandad liberan, a ratos, de la presión caótica que pretenden a ratos desorientar al laborante.

Es preciso adherirse al Alkahest, y dejar que su irradiación riegue asiduamente a la Tierra, para que no sea avasallada por el Caos.

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El Alquimista que persiste en mantener una conexión cada vez más perfecta con el Alkahest, comienza a separarse de esa pesadez, lóbrega y roma que lo oprime y deprime.

Por el contrario, si el estudiante descuida su conexión con el Alkahest, su proceso alquímico se interrumpe, y se anulan sus esfuerzos y logros.

El estado de conexión, por incipiente que sea, debe defenderse arriesgando la vida, si es necesario, pues lo que está haciendo es regar mercurialmente una Tierra árida y propia de  los profanos. Y que se torna inútil si carece de riego mercurial en forma de Rocío Cocido.

Este período, el de la dominación de Júpiter, es un proceso intenso.

La Materia acrecienta intensamente su sensibilidad, se acentúa el proceso de purificación y, por consiguiente, el color blanco, cuyo efecto exterior, se traduce por un hálito  de pureza y de limpieza.

Lo anterior indica que la Obra está activa.

Las acciones del laborante se tornan más equilibradas, menos disonantes, al tiempo que reconoce sus limitaciones.

También advierte que no trabaja para sí mismo, sino para hacer el bien sin esperar retribución.

3.- EL MERCURIO EXTERNO O ALKAHEST, CON LA FUERZA DE TRES ÁGUILAS IMPERA SOBRE VENUS.

 

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Cuando el Alquimista se posesiona del estado de conciencia propio  de Venus, siente que se impone sobre él un definido sentimiento de solemnidad, y se deja guiar por el Alkahest o fuego superior.

No obstante lo anterior, el operante aún puede ser presa fácil de impulsos abajados,  oscuros y corrosivos y humosos.

Cuando adviertas que te invaden cargas tan innobles, detenles de inmediato para que no vitrifiquen o anulen tu Gran Obra.

La vitrificación consiste en que una parte sustancial de nuestro compuesto, se cristaliza e impide la libre circulación de los fluidos electro magnéticos, circunstancia que detiene el engranaje del proceso alquímico.

En efecto, cuando se desencadena el vendaval de las desatadas pasiones, se estremece y desarticula el  oro filosófico que circula  en el contenido del Vaso, el cual   otorga al Alquimista luz y vitalidad, de modo que los tesoros espirituales que ha acumulado, con tesonero esfuerzo, se licúan, endurecen y vitrifican como el vidrio, perjudicando definitivamente al proceso alquímico.

Por el contrario, si permites que tu gran obra se desarrolle dirigida por el  Alkahest y el Rebis o Fuego Secreto de los Sabios, logras que tu materia se transforme morosamente.  De cierto que se hinchará y se iluminará por la voluntad de Dios. La tierra o materia  se abre a la luz, y se impregna de su radiancia, no se opone a su mercurización y todo fluye naturalmente.

En la etapa de Venus el Alquimista debe prestar atención al desarrollo de sus fuegos internos superiores y abajados, porque ambos tienen ahora más potencia.

Los cambios de carácter del Alquimista, teñidos de violencia y agitación, gatillan una combustión brumosa, corrosiva y destructiva.

La materia en el nivel de venus debe ser trabajada dentro de una paz profunda, para que la piedra perfecta sea fusible.

Si descuidas la conexión con tu fuego superior. y eres perturbado por la intromisión de un fuego  inferior, disminuye violentamente  el grado de calor que se conserva en tu vaso y su contenido, y por ello el rodaje alquímico de la materia se detiene y vitrifica tu gran  obra.

Cuando el estudiante es debilitado por el huracán desbocado de los fuegos corrosivos externos, su vaso se agrieta y deja filtrar a su interior, esa maraña de fuerzas metálicas, agresivas y dañosas.

Si el discípulo  aprende a regar sus fuegos internos y abajados, esto es, se impone en ellos cierto tipo de gradación que ponga freno a su desbocación.

Entonces el laborante es capaz de mantener, por largo tiempo, a su materia en estado de quietud, liberación y claridad.

Cuando permitas que sea el Alkahest quien dirija tu gran obra, tu materia será permeada por distintos colores o estados de conciencia.

El color verde de venus alude a la afloración de una mayor conciencia, que condiciona a todos los actos del Alquimista, hace evidente en el interesado una  rapidez que contrasta  con la   lentitud que antes imprimía y caracterizaba a su pensar y quehacer.

Sin perjuicio de manifestarse una eclosión en cámara lenta de sus facultades, que poco tiempo atrás yacían adormidas, surge a la palestra una inteligencia activa, una actitud valiente  y ponderada, frente a los hechos de la vida.

En cada una de las etapas  del proceso alquímico, por elevadas que ellas sean, alienta en todas las etapas el potente residuo de un inteligencia dominada por el mal, y que permanece en acecho, en espera que el hombre o la mujer bajen su guardia o estado de alerta y claridad, para enredarlos en sentimientos de orgullo y separatividad y su color negro brillante, se troca en un color endrino opaco y deslucido.

Pero, en todo caso, es esta una etapa de refinamiento,  la Obra acrecienta la luminosidad que  la permea.

4.- EL MERCURIO EXTERNO O ALKAHEST, CON LA POTENCIA DE TRES A SIETE ÁGUILAS IMPERA SOBRE LA LUNA.

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La Luna que aquí se menciona es una Luna Creciente, que simboliza al sutil despertar de los Sentidos Internos, que alertan al Vaso y a su contenido de todas las eventualidades dañosas que pretenden destruirlo.

Es todo esto, el resultado de un riguroso plan de purgación, que se desarrolla con antelación  en la propia Tierra.

Se potencia el Agua Mercurial o Mercurio Coagulado, como consecuencia de ello, la Materia se tiñe de Blanco y posteriormente de Rojo.

En este proceso primero se activa el Rebis Blanco.

El Color Blanco emerge de la descomposición de las tinieblas.

Se avanza en el grado de pureza que va alcanzando el contenido del
Vaso, se activan tanto las disoluciones como las coagulaciones.

Infinitas son las fases  de disolución antes que se alcance una relativa purgación.

La materia Mercurial-Lunar o Mercurio Interno, se une al Azufre Fuego, para dar a luz al Rebis Blanco.

Se continúa con una secuencia de colores, que se inicia con un Blanco brillante, un Blanco inmaculado, para derivar a unos gránulos tan blancos y finos como átomos de sol. Con esto el alquimista experimenta  estados de felicidad, una gran claridad para discernir la conveniente elección de sus actos.

Lentamente se te van ablandando las durezas que obstruyen al Vaso y su contenido.

La Materia, con el auxilio de sus átomos de sol se colorea con “Una Tintura al Blanco Perfecto”, la que debe ser mejorada y multiplicada, mediante la diaria práctica del Solve et Coagula.

5.- EL MERCURIO EXTERNO O ALKAHEST CON LA FUERZA DE SIETE A DIEZ ÁGUILAS IMPERA SOBRE EL SOL.

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Los colores ya aparecidos, si son procesados con gran finura, dan lugar a un definido tinte de color oro, que conlleva el estado de Grandeza, como lo afirman los más remotos tratadistas.

El Mercurio Interno del laborante, absorbe y hace propias a las cualidades de Venus y de Marte. Puesto que: El Verde de Venus, más el Amarillo de Marte producen el Color Citrino.

Este color Citrino afecta tanto al Alkahest externo que ha penetrado en el Vaso del adepto, como al Mercurio Interno propiamente tal.

La “Leche de la Virgen” tomó un color marcadamente Citrino. Continúa el trabajo del Solve et Coagula, y la Obra alcanza un gran estado de iluminación: Estado de Conciencia Rebis Rojo.

Pero basta la comisión de un solo error o descuido de parte del Adepto  para estropear la totalidad de su trabajo.

Errores de tal gravedad como una desconfianza desmedida de sí mismo, o ser preso de dudas infundadas  de tal calibre, que le hagan desconfiar de la calidad de su propia conexión con lo superior, o coronarse indebidamente con el oropel del antiguo rey, quien cargado con falsos metales, se sentía estar por encima de la Creación.

El Alquimista  debe tener muy presente que sea cual sea la etapa en que esté, le resta  experimentar infinitos y superiores estados de conciencia que debe entender y conquistar,  que mientras más se aproxime a la perfección  más sigiloso debe ser en mantener la purificación que ha alcanzado en sus estados de conciencia.