Reflexiones Menores sobre la Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey (Capítulo 8, Acápite 5)

CAPÍTULO 8 – ACÁPITE 5

1. Ireneo Filaleteo indica que la mujer puede emprender su Gran Obra, siempre que la considere como un trabajo serio y no como un juego.

2. Pero una vez preparado el Mercurio (Interno) se llega al descanso que es mucho más deseable que todos los trabajos.

ANÁLISIS

Es provechoso e interesante sopesar y aquilatar la primera frase enunciada por Ireneo en la parte inicial de este acápite:

No Creas, sin embargo, que una mujer no pueda emprender esta Obra, si la considera como un trabajo serio y no como un juego

De hecho, con esa frase, se condiciona el triunfo de la mujer, a la cláusula resolutoria de que ese trabajo sea considerado por ella como una tarea seria y no como un juego. Y, ¿Por qué?

Porque desde hace muchos siglos la validez y capacidad de la mujer ha estado reptando por los suelos, puesto que incluso, durante centurias, se ha dudado que tenga Alma. Ni pensar compararla con los varones. La mujer debe ocuparse de menesteres relacionados con preparar la olla, dar a luz a los hijos, cuidarlos, y llevarle el amén al dueño de casa en todo instante.

Hasta en este Siglo XXI, en cualquier concurso para acceder al Servicio Publico o a cualquier Empresa Privada, en términos generales, se prefiere ingresar a un hombre que a una mujer, y ante una igualdad de carga de trabajo, muchas veces, más se le paga al hombre que a la mujer.

¿Cuál es el basamento de tan oscura y absurda subordinación de la Varona al Varón?

En gran parte, fue la determinación de un Santo Concilio, o reunión del Papa con los obispos y otros personajes de principalía, que determinaron agregar dos versículos a la Santa Biblia, con lo cual, al parecer, establecieron el dominio del hombre sobre la mujer (Patriarcado).

Adam and Eve Nuremberg Chronicles 1493

Versículo 21, del Primer Libro de Moyses, Biblia del Oso:

Y hizo caer Jehova Dios, sueño sobre el hombre, y adormecióse, y tomó una de sus costillas, y cerró su carne en su lugar

Versículo 22, del Primer libro de Moyses, Biblia del Oso:

y edificó Jehova la costilla que tomó del hombre en mujer

No me ocuparé de los Textos Sagrados, ni de Concilios, a quienes debo profundo respeto.

Pero sí, consideraré esta malhadada e injusta posición de la mujer en el escalafón de la vida, desde el punto de vista del Ars Real, Ciencia-Arte que rige tanto al macro como al microcosmos. Cuyos principios y desarrollo el Dios Innominado grabó, integralmente, en el “disco duro” que tiene el Alkahest, para que Éste lo grabe en el corazón y mente de la humanidad.

Con trabajo y dedicación absoluta, alquimistas de ambos sexos puede acceder al “Don de Dios” o Arte Real.

Examinemos una vez más esta situación, así como se plantea:

a) Sólo el Hombre tiene el gran beneficio de ser formado directamente por la irradiación del Alkahest, y si se esfuerza puede acceder a una imantación de un Alkahest más puro y potente, denominado Rocío cocido (R.C.) que es atraído hacia sí, por el alquimista que conoce del Solve et Coagula, o primer Régimen de Mercurio.

Así el hombre recibe, en forma de irradiación, la Fuerza más potente que puede trabajar en su beneficio y el de la Humanidad.

Esta Energía, la del Alkahest, regla la proporción de resistencia que tiene toda materia para recibirla, y así impedir que los alquimistas vitrifiquen sus chakras receptores, tanto los siete principales, como los miles restantes.

b) La mujer o Varona, que habría sido clonada de una costilla de Adán, estaría limitada a ser imantada por el Alkahest ya usado que irradia el hombre, y no por la energía que emana con la debida regulación, potencia y pureza que proporciona el Origen. Sostener esto es absurdo.

La formación de la Piedra Blanca y de la Roja, y la Alquimia misma, es incompatible con la imposición de patriarcados (dominio de lo masculino) o matriarcados (dominio de lo femenino). Sea que estas condiciones se establezcan, por una parte, en el hacer externo de la Alquimia, o relación inter pares como, así también, en el manejo de las energías internas de cada cual, que se clasifican en masculinas y femeninas, y hacen con su presencia y acción, posibles las bodas alquímicas.

Ambas partes, femenino y masculino, mujer y hombre son irrigados por un mismo Alkahest, en la misma forma, cantidad e intensidad, de manera que no hay argumentación posible que pueda evidenciar que la mujer es inferior al hombre. Si en la conducta de ciertas mujeres pueda haber ciertos visos de inferioridad, si se las compara con los hombres, ello es el efecto de todo el tipo de discriminaciones que sufre el género femenino, inclusive en su propio hogar, donde sus padres, prefieren otorgar estudios Universitarios a sus hijos varones y no a sus propias hijas, a quienes destinan a casarse, ser buenas dueñas de casa, buenas madres y obedientes esposas.

Ambos sexos, repito, son elaborados, mejorados y enaltecidos por una misma energía proveniente del Origen (El Alkahest), que los baña y permea en igualdad de condiciones que se conecta, en igualdad de condiciones con hombres y mujeres.

HombreYMujerIluminados

La mujer, en cuestiones alquímicas, no está al servicio del hombre, ni viceversa. Cada alquimista, de cualquier sexo que sea, es una unidad independiente, abastecida con todo lo necesario para emprender la Gran Obra.

Otra cosa muy distinta es cuando observamos el laborar interno de cada unidad, hombre o mujer. En este caso, cada género, masculino y femenino, ve pulular dentro de sí energías y fuerzas femeninas y masculinas.

Estas energías azufrosas y mercuriales, insertas en cada alquimista deben cooperar entre sí, para permitir las bodas alquímicas y el efectivo desarrollo del Arte Real.

Cuando el alquimista arriba a la Vía Corta, específicamente cuando el Mercurio Interno sito en el Rebis Blanco, degluta al Azufre, ya en forma de Jugo de Luna que forma parte del mismo Rebis, se penetra en el descanso qué es mucho más deseable que todos los trabajos, el quehacer alquímico se reduce.

Es del caso señalar que toda experimentación de ” juego de niños” “cocer y cantar” y “trabajos de mujeres” llevada a cabo antes que finalice la Via Larga, es un indicio seguro de fracaso.

En cambio, la aparición de estas modalidades en la Vía Corta. Auguran él éxito de el o de la alquimista.

En efecto, se presume, por la experimentación realizada desde remotos tiempos, que el alquimista comienza, en la Vía Corta, a conocer y a utilizar mejor sus herramientas alquímicas y, simultáneamente, empieza a percibir que su nuevo estado de conciencia, el de la Vía Corta, le confiere una sensación de levedad en su materia, con lo que disminuye notablemente el persistente desgaste que experimenta.

El laborante, rompe los finos barrotes de su “Jaula Material” o “Armadura Negra” y viste el sencillo atuendo de labrador, que simboliza el fruto de su cosecha.

Ha perdido la ambición propia de su impulso inferior liberándose del gran dominio ejercido por su Yo inferior y espera en profunda quietud la verdadera maduración de sus frutos.