IRENEO FILALETEO, 1645. Capítulo 8, IV

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.       AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.

CAPÍTULO 8.

ACÁPITE 4.

Ireneo Filaleteo expresa que:

1.- “Se encuentran efectivamente en nuestros principios muchas superfluidades heterogéneas imposibles de reducir a la pureza (la conveniente para nuestra obra) y que hay que purgar hasta el fondo, lo que es imposible de hacer si se ignora la Teoría de Nuestros Secretos, mediante la cual enseñamos a extraer la Diadema Real del menstruo de la meretriz”

Al inicio de nuestra Gran Obra, los principios o materiales que empleamos, necesariamente, por su misma naturaleza, contienen muchas superficialidades térreas (componentes de muy baja calidad) casi imposibles de reducirse a una pureza suficiente, que permita llevar a cabo la  Gran Obra.

Estos elementos tan precarios no pueden ser mejorados o ascendidos en calidad, a menos que se conozca y aplique a ellos “La Teoría de Nuestros Secretos” que permite extraer la Diadema Real del Menstruo de la Meretriz, Hetaira o Buscona

2.- “Una vez conocido este medio, se requiere aún un gran trabajo, tanto que, como dice el Filósofo, varios abandonaron la obra inacabada a causa de  las terribles dificultades.”

Una vez que se conoce  cómo atraer hacia nosotros el “Rocío Cocido”, Mercurio exterior que tiene una potencia y pureza  mucho más intensa  que la lluvia Áurica,  se estará en condiciones de  pulir la propia Piedra de los Filósofos (la cual es la misma Piedra Bruta, pero cuando ya se sabe  que ella es el cuerpo humano que debe desbastarse).

El Rocío Cocido  es el alimento de los alquimistas, en tanto que la Lluvia Áurica es la nutrición del hombre común o profano, que accede a ella por el hecho de nacer y estar vivo.

Todo este conocimiento intelectual no basta para poner en marcha a la Gran Obra, debe añadirse y sumarse a él, un largo,  dificultoso y árido trabajo que hace desistir  a muchos alquimistas, que se alejan de estos menesteres y dejan abandonada su inacabada obra.

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ANÁLISIS.

1.- ¿En qué consiste “El Menstruo de la Meretriz” y “La Diadema Real?

En el Inicio del proceso alquímico, se manifiesta el “Menstruo de la Meretriz”, al final de esa senda que te lleva de la oscuridad a la luz, brota, surge y se manifiesta el Elixir Rojo, o Diadema Real.

Al principio, como digo, el laborante debe trabajar  en su apestosa y sucia Costra o Armadura Negra, que refleja el hacer vulgar del buscador.

En los comienzos de la Gran Obra se convive en un medio oscuro y vulgar, denominado genéricamente “Menstruo de la Meretriz”

El material para elaborar nuestra Gran Obra se asemeja a un bodrio grasiento que emerge a la superficie de una masa de soles y lunas. Es el azufre incipiente denominado Menstruo de la Meretriz. No es que sea, como su denominación lo indica, un flujo sanguinolento de la matriz de una Buscona o Hetaira, sino que los primitivos Autores de esta ciencia escogieron esa significación para aludir a algo verdaderamente infecto y repugnante, como lo es la condición de nuestra materia  al iniciar la Vía Larga, infectada, dominada, doblegada, dirigida  y modelada por las más bajas pasiones.

En segundo lugar, examinaremos a “La Diadema Real”.

El nobel alquimista ha asumido su precario y desmedrado  estado de conciencia, sabe que sólo le resta purificarse, purgarse o mortificarse, porque siempre la pureza corporal, emocional y mental ha ido e irá aliada al Poder, ¿Y por qué es eso? Porque la pureza implica ascensión y todo ascenso conlleva el ser irradiado por energías cada vez más puras y potentes del Alkahest, que confieren gran poder al iniciado.

En efecto, el artífice, al ser irradiado constantemente por el Rocío Cocido, deviene al estado de conciencia propia del Elixir Rojo.

El alquimista debe persistir en esta tarea aunque no tenga claro el objetivo de los trabajos internos que realiza en su propio interior, laboratorio o cuerpo físico, porque esa tarea es invisible, inaudible e impalpable para el actual e incompleto desarrollo de su mente  consciente o kamamanásica. Para aquilatar esa labor, es menester esperar el pleno ejercicio  de sus Sentidos Superiores, etapa en que además ha de percibir directamente las Instrucciones de sus Maestros liberados de la materia.

2.- Se requiere aún un gran trabajo.

No basta con conocer esta lección sólo desde un punto de vista intelectual, es ineluctable vivir directamente esta experiencia a través de un personal, largo y durísimo entrenamiento personal. El alquimista por medio de estas  acciones debe reconocer las lacras que lleva impresas en sus vehículos, y tiene que enfrentarse a ellas y dominarlas, porque le succionan las energías y fuerzas más nobles, para dirigirlo hacia el mal.

Esas son las “muchas superficialidades imposibles de reducir a la pureza  conveniente para nuestra Obra, (las cuales como ya se ha dicho), deben ser purgadas hasta el fondo”.

Esta limpieza del Menstruo de la Meretriz no la puedes llevar a cabo si desconoces “La Teoría de Nuestros Secretos” que permite, por sí misma, depurar al Menstruo de la Meretriz, y extraer de esta primitiva bazofia a la Diadema Real.

Ahora bien, ¿En qué consiste la Teoría de Nuestros Secretos? (Desde el punto de vista de la Alquimia Tradicional de Alto Grado).

En dos cosas:

  1. La ejecución diaria del Solve et Coagula, o Primer Régimen de Mercurio, en la proporción adecuada, según el avance del discípulo. Este es un paso muy secreto y cautelado, que se simboliza en los tres pasos de la marcha del M:.M:
  2. El fuerte caudal de Rocío Cocido que atrae la práctica medida del Solve et Coagula, para bañar día a día al Alquimista serio, diligente y entregado sin condiciones a su labor, para ser transformado en el Hombre Nuevo.

HombresNuevosHombres Nuevos : Arnaldous Vila Nuova, Saint Germain, Joseph Bálsamo.