Ireneo Filaleteo, 1645. Cap 7, III

 REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR; FRITZ GOTTLIEB.                           AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE
CAPÍTULO 7.
DE LA PRIMERA PREPARACIÓN DEL MERCURIO DE LOS FILÓSOFOS, POR LAS ÁGUILAS VOLADORAS.

 

ACAPITE 3.

 

¿Qué dice Filaleteo en este acápite? Señala:

  1. Cuando los Magos -que son alquimistas de elevadísimo rango- ya liberados de la pesantez de su materia, o que mantienen con una vida más bien tenue a sus cuerpos físicos, sólo para realizar con ellos determinados experimentos alquímicos, hablan sinceramente sobre las Águilas, se refieren a ellas  en plural, como por ejemplo, entre tres  y siete de ellas.
  2. La proporción de las Águilas que requieren, no se calcula en relación al peso y volumen de la materia física o etérica del alquimista, sino a la potencia y ardor del Fuego interno que se deba producir.
  3. El laborante Beberá tanta Agua de Fuego como sea la que le produzca el número exacto de  Águilas necesarias para el logro del objetivo alquímico que tiene entre manos y, en general, producir la sublimación o limpieza que es menester en determinada instancia.
  4. Una sublimación del Mercurio de los Filósofos corresponde a un Águila
  5. Y la séptima sublimación. Exaltará a tu Mercurio (de los Sabios o Rebis Blanco, hasta hacerlo muy conveniente para el Baño del Rey).

ANÁLISIS.

  1. ¿Quiénes son esos Magos o alquimistas de alto rango?

Son avezados alquimistas que han alcanzado niveles de conciencia, propios del Rebis Blanco, Rojo e incluso Elixir Rojo. Es decir se sitúan en los casilleros de la Vía Corta.

La mayoría de ellos son seres espirituales ya liberados de la forma, otros conservan el cuerpo físico de la última encarnación. Aquella en que obtuvieron la Piedra Blanca, y sus enfermedades detuvieron sus avances por siempre, y continúan manteniendo ese cuerpo físico, a través de su curso por el Elixir Rojo, etapa en que desaparecen sus enfermedades, pues los  virus, microbios,  bacterias carecen de la materia física sustentadora y no pueden vivir ni multiplicarse, y los tejidos ya más afinados del Adepto no decaen, ni degeneran, pues son bañados por emanaciones cada vez más puras y potentes del Alkahest. Así el Iniciado, para extender sus investigaciones en pro de la Humanidad, asienta su planta en lo que se puede llamar una Vida Eterna, que se cumple, en parte en esta tierra, y definitivamente en el Macrocosmos, pues  a medida que avanzan en su desarrollo individual, los Niveles Superiores de Conciencia van ejerciendo una presión cada vez más definida sobre el Adepto, para que acepte participar en Planes de mayor envergadura, teniendo siempre  presente la evolución terráquea.

Paulatinamente abandonan el lenguaje usual, que es reemplazado por el idioma simbólico. Esta nueva lengua  es telepática y es empleada fundamentalmente en  los asuntos relativos a los Grandes Misterios o desarrollo del Alma (Cuerpo de Luz) y Espíritu humano, y  fusión consciente con el Alkahest.

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Por eso, no creas, hermano mío, que las conversaciones  que sostienen los Magos sean similares a las que por las tardes apacibles mantienen, en la vereda,  frente a sus casas, viejos contertulios vecinales,  ya pasada  la canícula y concluido el quehacer de una rutina sempiterna y desperfilada.

Los Magos o Alquimistas Superlativos, han pasado un tiempo indefinido  sobre el yunque candente  de su propia perfección y han opuesto y oponen los logros de su  férrea disciplina a toda voluntad caótica,  que pretenda despeñarlos al mundo de las máscaras y de las sombras.

Es de conveniencia, estimo, reflexionar sobre la naturaleza o espíritu  de la disciplina  que permite trocar al Hombre o Mujer Viejos en Hombres o Mujeres plenamente Nuevos, como lo es el Mago o Alquimista Excepcional.

Hay un escrito que no siendo alquímico, en mi opinión, refleja con fidelidad esa escondida rutina del estudiante que anhela y logra ser un Adepto  en el Arte Real, con el objeto de servir mejor a sus semejantes.

Me refiero a esa sublime prosa rodoniana, originada  por José Enrique Rodó, insigne escritor uruguayo:

Juan E Rodo

Motivos de Proteo.

La Pampa de Granito.

 

               Era una inmensa pampa de granito: Su color gris; en su llaneza, ni una arruga; triste y desierta; triste y fría; bajo un cielo de indiferencia, bajo un cielo plomo. Y sobre la pampa estaba un viejo gigantesco; enjuto, lívido, sin barbas; estaba un gigantesco viejo de pie, erguido, como un árbol desnudo. Y eran fríos los ojos de este hombre, como aquella pampa y aquél cielo; y su nariz, tajante y dura como una segur; y sus músculos recios como el mismo suelo de granito; y sus labios no abultaban más que el filo de una espada. Y junto al viejo había tres niños ateridos, flacos, miserables; tres pobres niños que temblaban, junto al viejo indiferente y misterioso, como el genio de aquella pampa de granito.

El viejo tenía en la palma de la mano una semilla menuda… y con la otra mano tomó por el flaco pescuezo a uno de los niños, y le mostró, en la palma de su mano la simiente y con voz comparable al silbo helado de una ráfaga,  le dijo: -“Abre un hueco para esta simiente…

”Padre – sollozó (el niño) –“¿Cómo lo podré abrir si todo este suelo es raso y duro?”

-Muérdelo, contestó con un silbo helado de la ráfaga y levantó uno de sus pies y lo puso sobre el pescuezo lánguido del niño y los dientes del triste sonaban rozando la corteza de la roca, como el cuchillo en la piedra de afilar, y así pasó mucho tiempo, pasó mucho tiempo, tanto que el niño tenía abierta en la roca una cavidad no menor que el cóncavo de un cráneo, pero roía, roía siempre con un gemido de estertor, roía.

Cuando el pobre niño bajo la planta del viejo indiferente e inmutable como la pampa de granito el hueco llegó a ser lo hondo que se precisaba, el viejo levantó la planta opresora… y el niño sin haber dejado de ser niño, tenía la cabeza blanca de canas.

 Y levantó al segundo niño que había mirado temblando todo aquello.

-“Junta Tierra para la simiente”- le dijo.

-“Padre -preguntóle el niño-  ¿Dónde hay Tierra?

-“La hay en el viento, recógela repuso, y con el pulgar y el índice abrió las mandíbulas miserables del niño, y lo tuvo así contra la dirección del viento que soplaba y en la lengua y las fauces jadeantes se reunía el flotante polvo del viento que luego el niño vomitaba, como limo precario, y pasó mucho tiempo, mucho tiempo: y sin impaciencia, ni anhelo, ni piedad, se mostraba el viejo indiferente e inmutable sobre la pampa de granito.

Cuando la cavidad de piedra fue colmada, el viejo echó en ella la simiente, y arrojó al niño de sí, como se arroja una cáscara sin jugo.

Y no vio que el dolor había pintado la infantil cabeza de blanco, y luego levantó al último de los pequeños, y le dijo, señalándole la simiente encerrada: -“Haz de regar esa simiente” y como él (El niño) le preguntara, todo trémulo de angustia, -“Padre, ¿En dónde está el agua?”

-“Llora, está en tus ojos” contestó y le torció las manos débiles, y en los ojos del niño rompió entonces veta de llanto, y el polvo sediento la bebía; y este llanto duró mucho, mucho tiempo, y la simiente asomó sobre el haz  de la tierra como un punto, y luego echó fuera el tallo incipiente, las primeras hojuelas; y mientras el niño lloraba, el árbol nuevo criaba ramas y hojas, y en todo esto pasó mucho tiempo hasta que el árbol tuvo tronco robusto y copa anchurosa y follaje y flores que aromaron el aire y cuajaron en frutos… Y soltó entonces al niño que dejó de llorar, toda blanca de canas la cabeza, y los tres niños tendieron sus manos ávidas a la fruta del árbol, pero el flaco gigante los tomó, como cachorros del pescuezo, y arrancó una semilla, y fue a situase con ellos en un cercano punto de la roca, para llevar a cabo la misma tarea una y otra vez…”

  

Cuando los Magos Alquimistas (Adeptos)  hablan sinceramente en confianza, a cubierto de la indiscreción de profanos, conversan sobre las Águilas, considerándolas siempre en plural.

Así, por ejemplo, se refieren entre tres y diez Águilas que se precisan para desarrollar ciertos trabajos alquímicos se necesitan entre tres y diez águilas. Que  tal necesidad de Águilas no se calcula considerando el peso y volumen de la materia del laborante, que las Águilas pondrán en movimiento, sino de la cantidad e intensidad del fuego interno que internamente debe existir para desarrollar determinados trabajos alquímicos.

Toda Águila representa  un impulso irradiado por el Alkahest para impulsar a las Rotas Microcósmicas, en giros y elevar la conciencia, con el consiguiente ascenso del alquimista con el consiguiente ascenso en la escala de la lucidez.

El papel del Alkahest consiste en el crear tantas Águilas, o radiaciones superiores, como sean necesarias para hacer girar las tres rotas microcósmicas.

El propósito mediato del Aprendiz es arribar al estado de conciencia propio del Rebis Blanco, como lo indica el título de este Capítulo en comento. El Rebis Blanco equivale a  la portada de la Vía Corta.

Se alcanza el Rebis Blanco, mediante 7 Águilas, que han de ocuparse de los 7 trabajos de la Vía Larga, a cuya conclusión  el alquimista se encuentra a pocos metros, por así decirlo, de la Vía Corta, la del cocer y cantar, el hacer juegos de niños y trabajos de mujeres.

El Rebis Blanco o Piedra Blanca, Secreto de los Sabios o Filósofos ha sido ocultado y no explicado por los Adeptos que hacen de él un misterio intransferible, recordemos, a modo de ejemplo, que el gran Fulcanelli expresamente  omitió referirse tanto a la formación del Rebis Blanco como al Rojo. En cambio yo lo he hecho, porque estoy cierto que los tiempos han cambiado y la Alquimia, con todos sus poderes, debe estar al alcance de todos los que quieran y puedan asimilarla y, muy en particular deben tener acceso a ella los muy Q: Q:. H:. H:. que  han de ser los encargados de difundirla, según lo expresa la antiquísima  tradición, refrendada por Elena Petrovna Blavatsky y Annie Besant, entre otros.

El alquimista no realiza papel  activo alguno en la atracción de las Águilas, ni en el aumento o disminución de los giros de sus rotas microcósmicas, a no ser que cuando sienta el calor que se desprende de sus trabajos alquímicos, en voz alta, o mentalmente se diga ¡más calor, más calor! Quiero sentir más calor…y el calor aumentará.

En la ejecución de estos trabajos el alquimista debe entregar su cuerpo al quehacer de las Águilas, sin apresurar, por su parte, el avance del proceso alquímico, que debe irse tejiendo según sea el compás del Telar Universal.

El laborante deberá beber tanta Agua (de Fuego, o irradiación del Alkahest, en forma de Rocío Cocido), como sean las Águilas que requiera para determinado objetivo del Arte Real.

Así, a modo  de ejemplo, se requiere de la participación de cuatro Águilas para trocar en rojo  el color  blanco del Azufre del Rebis Blanco.

  1. ¿Cómo se calculan las Águilas que se necesitan para realizar determinado paso alquímico?

Se calculan por la cantidad e intensidad del Fuego interno que generan las Águilas, o sea   el Fuego de Pontano, o Fuego de la Lámpara (Lámpara equivale a Cuerpo) y….

¿Qué es el Fuego de Pontano? Es el calor interno que resulta del choque de la irradiación del Alkahest con la materia  no trabajada del alquimista.

Es un calor paulatinamente creciente, que el laborante siente en sus entrañas, al principio puede sentirse tenuemente en el abdomen o pecho, a veces en la cabeza. Es muy importante prestarle atención, por cuanto si el alquimista  al experimentarlo se concentra o enfoca en que sea caliente, cada vez más caliente, así será, hasta el límite que lo pueda resistir el vaso o cuerpo. Ese es el fuego que, en último término, transforma tus negruras térreas en fulgente Luz, por eso Juan Pontano, afirma que si hubiese conocido a tiempo ese Fuego, no habría errado 200 veces en su Gran Obra.

Entonces está permitido, mediante la volición y la visualización aumentar la fuerza calórica producida por el Fuego de Pontano, hasta un límite exacto,  que, en cada caso,  es la resistencia límite del vaso que lo recibe. Es de suyo recomendable que el laborante  utilice este sistema, de acrecentar el calor de Pontano, en cada ejercicio alquímico que practique.

Lo que nunca debe hacerse es procurar aumentar el calor del Fuego de Pontano haciendo más ejercicios de Solve et Coagula que los permitidos, pues entonces la energía interna se descontrola y vitrifica, o quema, a los siete chakras principales, e impide toda labor del Ars. Regia.

Conocí personalmente el caso de un brillante aprendiz de alquimia de apellido Pharías (he cambiado su apellido verdadero) Esta persona tenía un abuelo, oriental, ya fallecido, que en sueños le habría dicho que a él Pharías, le estaba permitido hacer más ejercicios de Solve et Coagula que los recomendados por su  Segundo Vigilante.

Así pues, Pharías, a escondidas de su instructor, comenzó a realizar nueve ejercicios, en lugar de uno, que correspondía mantener durante un año. Como consecuencia de ello Pharías se enfermó de una dolencia que no pudo ser identificada por los médicos: Sufría de una  permanente e intensa sensación de frio que le hacía castañetear los dientes en pleno verano. Eso pasó pronto, sin dejar secuela alguna, salvo que sentía y hasta ahora debe experimentar una verdadera revulsión cuando intentaba retornar a sus prácticas alquímicas.

  1. Para ejecutar cualquier etapa alquímica se requiere una cantidad específica de irradiaciones de Fuego o Agua de Fuego (Alkahest) que se denominan Águilas.
  1. Se recalca que para la formación del Rebis Blanco  se requieren  siete limpiezas, sublimaciones o mortificaciones de la parte azufrosa  del Rebis Blanco,  cada una de ellas equivale a un águila:

Veámoslo de otra manera:

Para estructurar al Núcleo azufroso del Rebis Blanco, se precisan 7 Águilas o 7 flujos de Alkahest:

4 Águilas…………………………………………………………….Para cambiar el tinte del núcleo azufroso de blanco a rojo intenso.

1 Águila, para cubrir la etapa del Fermento Azufroso.

1 Águila para completar la etapa de Jugo de Luna y

1 Águila para arribar al Rebis Rojo (Hemos hablado de 7 Águilas,  7 flujos de Alkahest o 7 purgaciones,  si quieres contarlos.)

¿Qué es lo  que dice Ireneo a este respecto?

El sostiene que:” Una sublimación efectuada al Mercurio de los Filósofos o Rebis Blanco equivale en potencia mercurial a la que irradia un Águila.” Existe una equiparidad total entre sublimación y Águila.

Luego Filaleteo agrega: “La séptima sublimación o Águila, alcanzada en Rebis Blanco lo ascenderá  o exaltará  al grado de conciencia del Rebis Rojo, hasta hacértelo muy conveniente para  Baño del Rey.

¿Quién es El Rey? Cualquier hijo o hija de vecino que comienza a realizar o sufrir su propia Gran Obra.

Ese hombre o mujer aspirante a ser alquimistas, se desplazan muy lentamente por las vías terrestres,  emocionales y mentales, sofocados  por el peso agobiante de una enorme armadura negra, que para ellos constituye un valioso conjunto símbolos y adornos cuajados de oro, plata y piedras preciosas, tales como coronas que ornan  testas reales, espadas de bruñido acero con empuñaduras de filigrana de oro,  corazas de fino metal, amplias capas completamente bordadas  con perlas y rubíes y una serie de dones propios de grandes líderes, con los que se inviste sin fundamento alguno.

El llevar ese formidable peso de  joyas que no son más que falsos oropeles,  bisutería, que entraban  sus pasos que aspiran a la Sabiduría y a la verdadera libertad, lentamente viran su pensamiento para encaminarse al baño del Rey.

Ese baño es el secreto lugar donde se desnudarán y serán bañados por el Alkahest en forma de Rocío Cocido.

Llegan a ese baño el Rey o la Reina, acompañados de diversos personajes, y entre ellos, unos cuantos desconocidos, que simbolizan la ignorancia que de sí mismos tienen ese Monarca o Reina que no se conocen a sí mismos.

Ya en cueros, tal como vinieron a este mundo, Saturno les entrega un traje negro, antes de comenzar con los baños de Rocío Cocido o Agua  de Fuego, para que no tengan duda alguna del estado en que están y que sepan y vean desde que negrura, oscuridad y mecanicidad, comienzan su derrotero alquímico.

Debido a lo anterior, ciertamente llegar a la conciencia del Rebis Rojo (Séptima Águila del Rebis Blanco), exalta a tu Mercurio de los Sabios o Rebis Blanco hasta hacértelo muy conveniente para el Baño del Rey.