Ireneo Filaleteo, 1645 Cap 6 – V(4 cont.)

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

 

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.      AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.

 

CAPÍTULO 6,

ACÁPITE 5 (CONTINUACIÓN 4)

 

                Una vez que el alquimista, hombre o mujer, se ha transfigurado, constituyéndose en un ser de Azufre Rojo, es capaz de absorber con plenitud al Alkahest.

         Seguidamente comienza la metamorfosis que le lleva a la etapa superior inmediata, que es la de transformarse en Fermento Azufroso.

EL FERMENTO AZUFROSO

¿Qué diferencia hay entre el Azufre Rojo Y el Fermento Azufroso?

Equivale a la misma distinción que existe entre un pan ácimo y una hogaza de pan campesino, hecho con levadura y cocido al rescoldo.

         El fermento o levadura, agregado a esta nueva forma de azufre, permite que  realice una combustión más perfecta y ardiente que todas las anteriores.

         Este portentoso torrente ígneo, como la combustión que lo produce, pueden ser totalmente dirigidos por los alquimistas, varones o varonas, que poseen la conciencia del Fermento Azufroso. Fuego que ellos endilgan para remover y transformar los últimos vestigios metálicos y minerales que restan en el contenido del núcleo azufroso del Rebis Blanco.

         Todo este ímprobo y abrumador trabajo, impuesto por el Plan Divino, va destinado a lograr, de parte de los seres humanos,  un Cuerpo más perfecto, denominado Cuerpo de Luz, y con él poder disponer de una muy superior  conexión con el Alkahest.

El doble luminoso webSalomon Trismosin “Splendor Solis” s. XVI

      El fino enlace obtenido  por el alquimista y el Alkahest, permite al discípulo permanecer en profunda quietud y silencio, lo que facilita en gran medida la fluidez de su  proceso alquímico.

         El hombre o mujer que posea el grado de conciencia del Fermento Azufroso, se transforma en un ser brillante, dueño de una combustión que puede graduar y dirigir a su amaño, para quemar las más recónditas y ya casi insignificantes     residuos minerales y metálicos.

El frecuente trato y experiencia con las vibraciones del estado de Fermento Azufroso, producen en el estudiante:

  1. Una cubierta etérica que le aísla de todo vórtice psíquico dañino.
  2. Gran quietud, silencio y permanente contento interior.
  3. El poseedor del estado de conciencia del Fermento Azufroso, es un “sigiloso” guardián del sistema alquímico, cuyas normas de protección son graduadas por la influencia de sus Cuerpos Superiores.
  4. Puede percibir la resonancia de conocimientos escondidos, no conocidos en el presente.
  5. Ve desarrollar en él poderosas facultades y siddhis, gracias al contacto que tiene con sus Cuerpos Superiores.
  6. Su cuerpo se hace leve, manifiesta un gran recogimiento y se torna muy silencioso.
  7. Gradualmente, a medida que acrecienta su Luz Interna, y posee mayor Sabiduría, va perdiendo interés en sus fines bajamente personales, que no son más que un enredijo de sombras y máscaras.
  8. Se torna en el dueño de una poderosa y apacible conciencia.
  9. Le rodea e interpenetra un profundo silencio que le permite que su proceso alquímico fluya sin tropiezos e interrupciones.

EL JUGO DE LUNA.

         En esta etapa, la postrera de la culminación de la materia humana, se continúa con la estructura de la vasija labrada, repujada y cincelada primorosamente, para ser destinada a servir de recipiente o continente a los “Misterios Mayores”, o Cuerpo de Luz y consiguiente advenimiento del Alma y del Espíritu humanos.

         En esta instancia, el alquimista se transforma en un Néctar, en una sustancia prístina, translúcida, no perceptible por los ojos profanos.

         El Adepto refulge con el brillo equivalente al de una sustancia casi perfecta, cuya capacidad de fijar al Mercurio Superior, le permite irradiar un brillo semejante al del  Alkahest.

         La impronta o estado de pureza y liviandad, que el Jugo de Luna impone, en todo buscador de Luz, permite a éste que, en su laboratorio interno, lleve a cabo un Solve et Coagula de alta potencia y pureza espiritual.

         El Jugo de Luna impone en todo alumno sincero y dedicado un giro de 180 grados en lo que respecta a su combustión, como a la utilización que hace de sus Fuerzas Internas, porque el vibrar de continuo al ritmo del Jugo de Luna, facilita una permanente impregnación con el Alkahest.

         El laborante, en cuanto a la formación del Jugo de Luna, sólo puede aportar con su actitud silenciosa y respetuosa.

         Quien pretenda que el Jugo de Luna pueda estructurarse en un ambiente donde predomine lo banal, está equivocado, pues así  el compuesto buscado sólo retrogradará convirtiéndose en un líquido rojizo, carente de todo poder.

Cuando el alquimista comienza a sentir  que literalmente se  está transformándose en Jugo de Luna, espontáneamente se sumergirá en un profundo retiro interior, porque ha de asimilar, hasta ahora, la más alta vibración proveniente de los Planos Superiores. (Con excepción del Alkahest).

Cuando el rojo Jugo de Luna, que está dentro del núcleo azufroso del Rebis Blanco, arriba a su máxima potencia y perfección, se transforma en aquella vasija repujada, ennoblecida por superior orífice, y destinada a usos honorables, como lo es el servir de continente o contenedor de la propia Alma y Espíritu (Materia de que tratan los referidos Misterios Mayores).

En ese preciso punto, el de su máximo desarrollo y perfección el Jugo de Luna es devorado, engullido, tragado por el Mercurio sito en el Núcleo Mercurial del Rebis Blanco dando lugar a la instancia que sigue: La del Rebis Rojo.

Cuando la etapa del Jugo de Luna se ha completado:

  1. Tu materia azufrosa ha llegado a su más alta perfección.
  2. Se producen los más perfectos y afiatados ejercicios del Solve et Coagula.
  3. Tu materia absorbe grandes cantidades de Alkahest.
  4. Has vencido al hedor de tu propia ciénaga infecta. Estás pronto a renacer bajo una Luz Inmarcesible.

 

Continuará.