Ireneo Filaleteo 1645. Cap 6 – V. (continuación)

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

 

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.                  AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE

 

CAPÍTULO 6.
ACÁPITE 5 (CONTINUACIÓN 2)

 

Síntomas que la Fragmentación Produce en el Alquimista.

                La Materia que toma forma de Armadura Negra se rebela y rechaza la intromisión de la irradiación lumínica del Alkahest que la invade y que tritura su mole en fragmentos. El acoso del Mercurio Superior la mantiene en constante agitación.

                Con mucha facilidad, el novel Alquimista, se ve envuelto en riñas y discusiones artificialmente exageradas y engañosas, y, consecuentemente, lo permea, lo compenetra  un aplastante sentimiento de negatividad, que le hace emitir  improperios que nunca debió formular

                Experimenta un fuerte y definido rechazo contra sí mismo, la Enseñanza o el instructor, todo ello acompañado por un profundo hastío y desgano.

depresión

No obstante debe, “contra viento y marea”, persistir diariamente en su ejercicio del Solve et Coagula.

                Oscila entre sentimientos de euforia y de pesimista nadidad.

                Cuando la oscuridad del contenido de su Vaso es tocado por la imantación del Alkahest, surge en él, un gran desaliento, incomodidad y frustración.

                Su mente insiste  en ser dirigida por un hacer negativo, que obstaculiza su proceso alquímico recién iniciado, tales circunstancias paraliza momentáneamente su quehacer propio del Ars Regia, y le pone a las puertas de su primer Nigredo.

Síntomas que La Licuación Produce en el Alquimista.

                El cuerpo o vaso del estudiante comienza a manifestar las primeras muestras de alivio de las presiones del Caos.

                Su mente común empieza a romper las limitaciones que le afectan, y a razonar sobre cada acción que realiza.

                Lo anterior, sin perjuicio de vivir, también, grandes rebeldías, a raíz de la fricción y choque del Alkahest con la propia oscuridad del practicante, fenómeno que debilita al Vaso.

                Se es más sensible para percibir la existencia y acción de las  Fuerzas oscuramente robóticas que retrasan el avance de la Gran Obra.

                Durante la Licuación el Alquimista aún es movido por los efectos del Caos.

 La Fermentación.

                Tiene por objeto completar  la licuefacción de esa agua negra y fétida producida en el anterior proceso de Licuación.

                Durante este proceso de la Fermentación el Alkahest puede introducirse en los más secretos albañales y sentinas de la Tierra no elaborada, para acosar, acorralar e impulsar violentamente hacia la superficie todas las inmundicias metálicas y minerales.

                La Fermentación hace hervir a la tierra no trabajada, a fin de pudrirla y disolver, aún más, a lo pétreo que carga el vaso.

                Los convulsivos estados propios de la  Fermentación producen una acidez que extravasa los límites de su contenedor, y dispersa en el medioambiente vibraciones de subido descontrol y descompensación. Durante la Fermentación el contenido del vaso adopta la forma de una bruma espumosa y sucia.

                La constante irradiación del Alkahest, transforma a esa bruma sucia  en una pasta  grasienta. Esa pasta grasienta es el símbolo de la Fermentación.

                La Fermentación divide a la Tierra o Materia en dos porciones:

                Una: Es la masa de contenido Salino, integrado por duras lunas y soles. La otra, es un parte  ya parcialmente tratada o  masa sulfurosa, antecedente remoto del azufre activo.

                La Fermentación es un largo proceso que hierve al contenido del Vaso para que se disuelva lo pétreo que aún radica en él a fin de liberar el fuego interno o Chispa Divina, adormido, que anida en ese Vaso o Cuerpo.

La Fermentación es el principio de la Corrupción.

Síntomas que la Fermentación produce en el Alquimista.

                Puesto que la Fermentación produce una permanente fricción en el contenido del vaso, el Alquimista siente que vive en una atmósfera asfixiante, y que siempre está sufriendo los efectos oscurecedores de los bloques metálicos y minerales que aún anida en su cuerpo.

                Se siente agobiado por las dificultades. Es una sensación de total disgusto, que perdurará hasta que la masa nauseabunda de gran envergadura, se eleve para transformarse en Luz.

Premium version. rev tam 14 RR_page137_image1Aurora Consurgens” según tradición del s. XVI. “Sácale el alma y vuélvesela de nuevo, pues la ruina y desintegración de una cosa es el engendramiento de la otra. Es decir que se le quita el fluido desintegrador y se mezcla con su fluido natural, que será su perfección y su vida.”  El contenido de esta figura evidencia que la materia no elaborada debe someterse a profundos  cambios antes de lograr su liberación.

                No obstante, según el esclarecido d’Espagnet, esta Fermentación significa, también, el arribo a un significativo avance, porque ella activa a la simbólica forma o materia (Se dice materia simbólica, porque, de hecho, a la postre, todo es Energía) y por eso, en el Alquimista, se troca ese sempiterno sentimiento de opresión que le ahoga,- como el estrecho abrazo de una gigantesca y verdinosa boa constrictor, por otro estado de creciente y abarcante libertad. Según el recién mencionado autor clásico, la Fermentación comienza a madurar lo que es crudo y a endulzar lo que es amargo.

La Corrupción.

                En la vivencia de la propia Corrupción se siente el peso invisible y vivo de la  carga que mantiene oprimido al estudiante de alquimia.

                Esta maligna pesantez infecta a toda verdad, y hace predominar en el proceso alquímico un desplazamiento lento, doloroso y quejumbroso.

                Esta energía negativa que todo lo permea se comunica, además,  con una infinidad de Cuerpos que se nutren de la misma bazofia negativa, y este hecho por ser tan generalmente expandido  se mal interpreta como un fenómeno absolutamente normal.

                De lo anterior, resulta que los Centros, Padmas, Ruedas o Chakras, de todos los hechizados por el aspecto torvo y oscuro de la Corrupción, no giran, porque en esa etapa, el calor generado es débil, y sólo reblandece a la materia,  preparándola para subsiguientes activaciones del Vaso.

                En el estado de Corrupción se generan dos combustiones ígneas diferentes.

La primera combustión ígnea.

                Tiene por objetivo fundir, con intenso y quemante fuego, a las durezas de la Tierra, las que  aún subsisten, aunque no lo sepa el Alquimista.

                La corrupción debe hacer desaparecer todos esos resabios o ingratos recuerdos de la oscuridad. Para realizar esta labor de limpieza de gran envergadura, se requiere de un ambiente saturado de silencio, paz y tranquilidad, lejos de la algarabía mundanal,  es el único ambiente donde se puede ejecutar esa mortificación de los propios metales, en forma realmente alquímica.

Segunda combustión Ígnea.

                Durante el estado de Corrupción se manifiesta otra energía y fuerza Regenerativa o de Generación, que es más potente que la energía negativa, la cual, con diversos grados de intensidad, para que el Vaso o Cuerpo  del Alquimista, se libere de los estados convulsivos de su materia.

Síntomas que la Corrupción produce en el Alquimista.

                En este estadio de la Corrupción el Alquimista aún no percibe que está trabajando en medio de la pétrea dureza y, por consiguiente es desestabilizado, una y otra vez, por una desenfrenada turbulencia.

                La permanente resistencia y defensa ante esos desequilibrios y la trastrocada realidad que vive, excitan y desatan la fuerza de sus descontroladas emociones inferiores, haciéndole desconfiar de cada sombra, de cada vago sonido, y hasta del sutil silbido del viento en el robledal.

                Crispado, envarado, y acribillado por sus propias visualizaciones pesimistas, está al acecho de inexistentes tribulaciones, porque se cree el blanco de todas las fuerzas del averno.

                Los movimientos de involución y evolución que se manifiesta en el estado de Corrupción, son generados por un  mismo Fuego: El Alkahest.

La Putrefacción.

                Debido a que la inclemente irradiación del Alkahest continúa cayendo de llano sobre el estado de la Corrupción, ésta se transforma en Putrefacción.

Premium version. rev tam 14 RR_page271_image1Catedral de Notre Dame, Paris. (Pórtico central) El Cuervo, La Putrefacción. La presencia del Cuervo indica que la materia está en perfecto estado de putrefacción y que se volverá integralmente negra.

                Aún estamos y no hemos trascendido aquellas aguas densas, pesadas y hediondas, donde todo bulle y rebulle en lo que se denomina Azufre Negro Licuado, donde para el Alquimista novato, todas sus experiencias e incluso los efectos de su trabajos anteriores, no producen percepciones definidas y perfiladas, porque su propia mente concreta está hirviendo en esa bullente sopa de Azufre Negro, como  un elemento más que hay que purificar.

                El ardor de la Putrefacción prepara al sol y la luna vulgares para su futura e indisoluble unión alquímica.

                Cuando el proceso de la Putrefacción alcanza una combustión de un grado apreciable, se forman en la superficie del líquido putrefactado, pequeñas burbujas semejantes a “ojos de pescado”.

                Los efectos de la putrefacción son muy lentos, pues en ella el Alkahest  va putrefactando partícula por partícula de la Materia Humana, y ello puede requerir muchas vidas y muchos renunciamientos del Alquimista, para cumplir este cometido.

                En su inicio, la Putrefacción requiere de un calor templado, no excesivo, para que lentamente se descompongan los compuestos del Vaso y se tornen en polvo negro, endrino como el pico de un cuervo, y no mal derive en un polvo permanentemente rojo e inútil, causado por producir durante esta etapa continuas alteraciones de la propia materia provocadas por desarmonías, descontroles como la ira, el miedo, la angustia y en general, todo descontrapeso o violentas situaciones en que participe o lo hagan participar.

                De conformidad a lo anterior, el Alquimista o la Alquimista, deben evitar, en su trabajo, todo exceso de calor (rabias, rebeldías, depresiones), o el dejarse llevar por la inmadura ambición, de pretender  impulsar, acelerar o violentar indebidamente, el pausado caminar de la Obra.

Síntomas que la Putrefacción Produce en el Alquimista.

La Putrefacción, que el laborante experimenta en su propio laboratorio interno, debe ser calificada por él, con toda certeza, como  la etapa más crítica y pesada de la Obra.

                Lo precedente debido que los bloques y cáscaras pétreas, metálicas y minerales, adheridas por eones y como “dueños y señores” a las paredes del Vaso, se niegan a abandonar lo que estiman de su exclusiva propiedad. De tal suerte que si el Alquimista no reacciona oponiéndose rotundamente a estos bajos estados emocionales y mentales, aplicando en ello todo el conocimiento alcanzado persistirá en él un constante desequilibrio.

                Tal inestabilidad le llevará a creer que ha sido excluido de la Enseñanza, o que tal instrucción es desdeñable pues no le favorece en nada y, así, vivirá el calvario de la eterna duda.

                Siente que nadie puede prestarle auxilio, porque cuando procuran alzarlo de su desmedrado estado, “su carne se desprende de sus huesos”, como dijera Macbeth. Sabe que solo puede levantarlo de su postración el mismísimo Alkahest, o quien temporalmente invista su poder.

                Con todo, a medida que transcurre y se amaina ese terrífico Nigredo que le mata sin que pueda morir, advierte que la vacilante llama de su vida, sólo se sustenta por la irradiación del Alkahest.

                Reconoce, con pesar, que en su pasado ha sido manejado, sin contrapeso, por fuerzas automatizadas que le anularon y arrastraron a fatales desenlaces.

                Sabe que, sin  demoras, debe aprender a enfrentar a las bestias y reptiles que se nutren de todas las debilidades que anidan en su Vaso o Cuerpo.

                 La habitual y obligada  convivencia con las sombras y mascaras de su propio Nigredo, le confiere la visión interna capaz de leer  y frustrar la acción de todo pensamiento negativo, contando, además, para esto, con el auxilio de la energía que le irradia el Alkahest.

 La Volatilización.

                Es el proceso alquímico que tiene por objeto transformar al azufre negro, o aguas pesadas, oscuras y hediondas en un vapor azufroso blanco y candente, sin que por ello se pierdan las virtudes ocultas en ese Nigredo.

                Durante la Volatilización se produce la segunda boda alquímica, las nupcias del sol y la luna, que genera a un azufre precario, que continúa su desarrollo en esta misma etapa, evolucionando desde el Echeneis hasta un Azufre Blanco, vaporoso, candente y activo.

                La aparición del Azufre señala el término del Nigredo, en atención que el calor generado por ese azufre, sumado al ardor del Alkahest, secan y evaporan al agua pesada y negra, última expresión del azufre negro.

Síntomas que la Volatilización produce en el Alquimista.

                Los siete trabajos de la Vía Larga, atañen al desarrollo efectivo de la personalidad del Alquimista, esta  actividad séptuple se lleva a cabo  en las columnas Huecas de Boaz y Jakin.

(Boaz y Jakin: las dos columnas sitas en el acceso al Templo del Rey Salomón. N. del E.)

                Después que estos séptuples e ímprobos Trabajos de Hércules han perfeccionado y enaltecido a las más oscuras anfractuosidades de la Piedra Bruta, compuesta por sol y luna no elaborados, se pasa a perfeccionar el intelecto del Alquimista, sobre todo en las dos últimas instancias de la Vía Larga: La de la Volatilización, que ahora nos ocupa, y la de la Ígneidad que expondremos  inmediatamente después.

                Veamos los efectos de la Volatilización:

                Su mente, sin ningún esfuerzo premeditado, comienza a hacerse más lúcida y precisa en el curso de sus acciones.

                Ve con serenidad los errores del pasado, no para autocastigarse, sino para buscar enseñanzas y comprensión de los hechos, para no volver a tropezar con la misma piedra.

                El cuerpo físico, emocional y mental, se coordinan con fluidez para entender los imperceptibles y constantes  cambios la alquimia produce en esos cuerpos.

                Despiertan y se evidencian los sentidos internos que, con sabiduría, disciernen los profundos cambios originados por este proceso.

La Igneidad.

                Esta etapa tiene como propósito aumentar el grado de calor y volatilidad que ya tiene el Azufre Evaporado, de modo que se transforme en un Fuego que esté por sobre la oscuridad.             Quien desarrolle en sí éste Fuego ígneo, está por encima de los ataques abajados de los fuegos inferiores.

Este vapor ígneo penetra profundamente en la materia, hasta las tendencias tenebrosas, ocultas y disimuladas en las durezas, para transformarlas en luz.

Síntomas que la Igneidad Produce en el Alquimista.

                Que el Alquimista posea el grado de conciencia de ese vapor ígneo, implica que queda aislado de  los ataques psíquicos de una mente común.

                Es capaz de valorar la Enseñanza, al respecto desarrolla una definitiva confianza, puesto que el proceso alquímico que se desarrolla dentro de él, empieza a producir variados cambios positivos, como la autoconfianza, y un esclarecido orden y comprensión de la escondida naturaleza y fundamento de sus actos Su mente se ilumina y ve, o advierte circunstancias valiosas, que terceros no ven, ni captan.

CONTINUARÁ…