Ireneo Filaleteo, 1645 Capitulo 4- I,II y III

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB

AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.

CAPÍTULO 4.

ACÁPITES 1, 2 y 3

DEL IMÁN DE LOS SABIOS.

ACÁPITE 1

En este artículo, Filaleteo, aduce que:

  1. El Acero, o materia humana, es atraído hacia el imán o atracción del Alkahest.
  2. El Imán o poder de atracción del Alkahest se vuelve espontáneamente hacia el Acero o materia humana.
  3. El Imán de los Sabios o Alkahest atrae al Acero, la dura materia humana.
  4. El Acero o materia humana es la Mina o fuente de todas las materias humanas subsiguientes, que mejoran en perfección.
  5. El imán del Alkahest es la verdadera Mina del Acero.

 

ACÁPITE 2

Dice Ireneo que el Alkahest tiene un centro oculto, en el cual abunda la sal, esto es,  ese Núcleo Central es ligeramente inferior a la calidad del Alkahest (Es un  menstruo de la esfera lunar). Este centro está encargado de renovar al Oro, o Materia humana, mientras se la  calcina.

Si el Alkahest es representado como un ovoide, tiene dos polos, uno superior y otro inferior.

El núcleo Central del Alkahest se vuelve espontáneamente al Polo Superior (el de arriba). En este polo de arriba la virtud de la materia humana o Acero, es exaltada por grados.

En el polo superior está el corazón del Mercurio, o Alkahest. Este sitio es el Verdadero Fuego en que  “reposa” el Señor, o Dios Innominado.

El alquimista deberá navegar por el Gran Mar, para alcanzar una y otra Indias.

El alquimista guiará su curso por la presencia de la estrella del Norte, que le hará aparecer al Imán del Alkahest.

 

ACÁPITE 3

Al saber esto, el Sabio se alegrará, pero el necio hará poco caso de ello, y no se instruirá en la sabiduría aunque, aunque haya visto el polo central del Alkahest, y marcado con un signo notable del Todo Poderoso. Los necios son tan obstinados que aunque vieran estas maravillas, no abandonarían sus sofismos, ni entrarían en el camino recto.

 

ANÁLISIS.

 ACÁPITE 1

                 El Imán del Alkahest es el formador de toda materia.

Todas las cosas con forma (rúpicas)  o sin forma (arrúpicas) vienen directamente del Alkahest.

Todos los Espíritus  que  fueron formadas por el Alkahest, quedaron, a raíz de la Gran Caída, envueltos en dos capas degradadas: Sol y Luna,  entonces esas capas minerales y metálicas, son denominadas materia o Sol vulgares.

El Oro o Materia vulgar, compuesta de sol y luna,  empieza a actuar en el inicio de la Gran Obra, para que se extraiga de ellos el Azufre.

El Espíritu del hombre, por haber sido de Alkahest en su origen y ser la Chispa Divina o Mercurio interno que está en las entrañas del Mercurio Coagulado se siente atraído por el Alkahest.

También el Alkahest es atraído por el Acero o materia humana, porque ésta en su centro lleva la Mercurio Coagulado.

El Oro o Materia Humana es la materia prima con que se inicia la Gran Obra. Esta misma materia es denominada  Acero debido a su dureza y solidez extremas. Con esta materia humana, la Alquimia Tradicional de Alto Grado comienza La Gran Obra.  (Eso de Alto Grado, se refiere al elevado y purísimo Alkahest que debe dirigir la Obra.)

Se debe producir una unión entre:

-Lo Creado o Materia, y

-Su Origen o Alkahest.

Los autores clásicos sostienen, que el Alkahest, sustancia volátil, no forma parte de la materia, y disuelve al Oro vulgar o materia humana no elaborada.

Mediante la irradiación del Alkahest, se cambia la polaridad del aspecto corrosivo de la materia. ¿Por qué?, porque lo invierte y lo conecta a lo que lo enaltece, al Alkahest.

 

ACÁPITE 2.

En el Oro o Materia Vulgar casi no llega a reflejarse la irradiación del Alkahest, ni el poder máximo de atracción que ejerce el Alkahest.

Si la materia permanece  desconectada del Alkahest, se  sumergirá en la más oscura tenebrosidad.

Por el contrario, si se trasciende el estado propio de una materia inactiva e insensible, cambiará la polaridad de su Imán, y atraerá hacia ella:

-Lo ilimitado de lo esencial, y

-Exalta la virtud de su estado endurecido (Sal, compuesta de sol y luna.)

Con esa exaltación   alza gradualmente a un nivel superior, todo aquello que antes estaba endurecido, fijo y precario.

El Alkahest, que es un Mercurio puro, esencia que no está teñida por lo condicionado, atrae al Acero o materia humana, donde quiera que aquella se encuentre. Y esa materia que, al principio es dura como pedernal, y seca, se une incondicionalmente a la irradiación del Alkahest  que proviene del Corazón, o Núcleo central del Alkahest.

El  Núcleo Central del Alkahest está incorporado al Corazón del Alkahest.

El núcleo Central del Alkahest es un fuego inconmensurable, donde reposa el Señor.

¿Por qué se dice que el Señor reposa  en el Núcleo Central del Alkahest?

Porque el Dios innominado ha grabado su Verbo, sus planes divinos en el Núcleo Central del Alkahest, y ese contenido debe cumplirse hasta el último detalle. Por eso se dice que el Dios Inmanifestado reposa sin intervenir, mientras se manifiesta su insondable e indescriptible hacer. Dios descansa o reposa, porque sabe que su Creación se desarrolla según las normas e infinitos detalles que se  contienen grabados y activos en el Núcleo Central del Alkahest.

El alquimista debe tener presente lo señalado en el párrafo anterior, mientras navega por su proceloso mar o Vía Larga, y considerar, simultáneamente, que está sumergido en el infinito Mar del Alkahest, como también, y en los problemas de la Vía Larga.

De hecho el alquimista está luchando contra todos sus puntos oscuros, auxiliado por el Mar de Alkahest, para llegar, a su debido tiempo” a “Una y Otra India.”

La primera India es la esfera del Sol y la Luna más precarios, al comienzo de la Vía Larga

La Segunda India es el Elixir Rojo y el Mar del Alkahest. Es decir, el llegar a una u otra India, significa recorrer todo el proceso alquímico.

El alquimista debe elevar su cuerpo o vaso, desde los ínfimos estados propios de una conciencia metálica, donde el sol y luna que lo recubren  forman una pasta obtusa, revuelta, fétida, pesada, fija e indiferenciada y cerrada herméticamente ante todo avance de la Luz, hasta advenir a la omnipotencia o Elixir Rojo y, aún más allá, al Océano del Alkahest.

En este derrotero tan convulsionado no debes avanzar a la deriva, guíate por la presencia y resplandor de la Estrella del Norte o Alkahest.

 

ACÁPITE 3

El Sabio se alegrará al saber que este conocimiento se difunde por el mundo.              

Pero el Necio permanecerá impertérrito, con una sonrisa bobalicona que le cruza el rostro de oreja a oreja, mientras mira con ojos desenfocados, porque es de  aquellos que teniendo a su alcance el conocimiento, no es capaz de trascender su parte oscurecida, a fin de vivenciar tal sublime conocimiento, no obstante haber sido tocado por la Enseñanza.

Cuando el alquimista asume que debe desprenderse  de esa ligereza y beneplácito con que acoge a sus bajos impulsos,  puede ser transformado en un fino diamante que atrae la pureza y potencialidad del Alkahest.

Si, por el contrario, un aspirante a alquimista vive extraviado resaltando la importancia su personalidad, congelará esa su Fuerza interna que atrae la radiancia universal o Alkahest, para disolver su nauseabundo y pétreo contenido, y quedará convertido en una roca de granito.