EL DESCENSO AL INFIERNO por Apiano Leon de Valiente.

EL DESCENSO AL INFIERNO
por Apiano Leon de Valiente.

“Dual es el aspecto de Dios,una de sus caras es de luz, otra de tinieblas; una es blanca, negra la otra; una está arriba, la otra abajo”.

Sefer Ha Zohar.

“Dios tiene un aspecto luminoso y oscuro, su querer y su no querer”.
Fludd.

Jesus inf 1 Jesus inf 2

El Rabí del Sayo sin Costura desciende a los infiernos. No hay escalinatas, ni declives, ni despeñaderos.

Tan sólo es la Luz más radiosa que gravita hacia el corazón de la sima más oscura y tenebrosa.

En el terso rostro del Nazareno, iluminado por destellos  que fluyen de su interior, se reflejan pasajeros y vertiginosos reflejos añiles, glaucos y granates, que no le tocan, porque corresponden a las bajas vibraciones emitidas por un azufre inferior en permanente y ardiente ebullición.

El Maestro Jesús continúa descendiendo hasta llegar al linde del Averno, que señalan 666 columnas de basalto oscuro ceniciento que, en lo alto, se desvanecen en una negrura sin brillo.

El primer propósito del Hijo del Hombre es el de enfrentar a Lucifer que, repantigado, sobre un enorme trono de negro mármol, parlotea con sus ministros, horribles engendros con narices de elefante, cuerpos de arañas y panzas abultadas de deformes batracios.

El Hijo de María, con su habitual dignidad y serenidad inconmovibles; su don de mando e ilimitado afecto por todo ser viviente, cerró el paso a Lucifer y extendió sus brazos –plenos de Amor y Sabiduría- para estrecharlo contra su corazón.

El Diablo se sintió, por primera vez completamente desestabilizado, no tenía ideas, ni palabras para enfrentar la situación. Sus desorbitados ojos de fuego verdinoso, giraban con rapidez buscando una vía de escape inexistente.

Cuando Satán creyó estar en condiciones de tartamudear algunas palabras, ya el Señor le había abandonado, para dirigirse a diversos grupos de hombres y mujeres aherrojados a calabozos ardientes donde el dolor más intenso era la constante.

Se acercó a los enfermos, porque para Él los condenados eran enfermos, y les dijo: – “Yo estoy aquí para servirles, y Uds. Para ser servidos”.
Uno de ellos le respondió: – “Señor, si Tú eres quien eres ¿Cómo crees que en el Infierno se puede hacer algo por nuestro bien?”
Él dijo: – “El Infierno es sólo una idea, una imagen, una sombra. Dirigíos al Hombre imperecedero y luminoso que está dentro de vosotros”.
Y, así, Jesús llevó su mensaje a múltiples grupos de sufrientes. Cumplida esa misión ascendió a planos más elevados.

Sólo entonces Lucifer reaccionó, y dijo a sus corifeos: – “¿Y quién es este que hace y deshace en mi reino? ¿Es acaso más fuerte y poderoso que yo?”  Uno de sus consejeros le dijo: – “Tú, Señor, sabes que es el Hijo de Dios”.

El Demonio con horror percibió, por primera vez, que en lo profundo de su magma infecto, alentaba un corpúsculo de Luz, que le ablandaba y arrastraba al sector del Bien.

El príncipe del Tártaro, aterrorizado, hizo acopio de toda su dureza y revulsión hacia la Luz, para vencer a esa indomable tendencia al Bien.
Cuando el Dios Innominado examinó esa reacción del Diablo pensó: “Procedió muy bien el Príncipe de la Tinieblas, porque por ahora necesito que Leviatán sea el Leviatán, para que sirva de contrapeso al poder de la Luz, si no hay Lucifer, no hay evolución.”

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