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Ireneo Filaleteo Capítulo 21 – IV

Reflexiones Menores de la Entrada Abierta al Palacio Cerrado del Rey

Autor: Apiano León de Valiente

Capítulo 21 – Acápite IV

De la Combustión de las Flores y de Cómo Evitarlas

Enunciado

La desecación que nos ocupa no es una verdadera desecación. Sino una reducción de aguas podridas en átomos sutiles mediante el tamiz de la naturaleza, del agua mezclada con la tierra.

Agua que exige cierta reducción para que la tierra reciba el fermento transmutador del agua, pero con un calor más violento del que ha de ser esta naturaleza espiritual, habiendo sido como golpeada mortalmente por un mazazo, de activa se hace pasiva y de espiritual, corporal.

Es decir un precipitado rojo inútil cuyo color, con el calor debido, se convertirá en la negrura del cuervo que, aunque es negro, es un color sumamente deseable.

El agua contenida en el vaso exige cierta reducción de su masa, para que la tierra reciba el fermento transmutador del agua, o Alkahest, pero con un calor más violento de lo usual.

Con este mayor calor el azufre siente haber sido golpeado mortalmente con un mazazo, y como resultado de ese golpe se transforma de activo en pasivo y de espiritual en corporal.

Debe ponerse atención cuando se dice que la materia o azufre debe transformarse de espiritual en corporal.

A primera vista, ese cambio de espiritual a corporal pareciera contrario al proceder alquímico, si se considera que el propósito de la alquimia es transformar la materia corporal en alma o espíritu, entonces es preciso analizar porqué Filaleteo señala que lo espiritual debe retroceder y transformarse en corporal.

El autor de esta obra da a entender que la materia no trabajada es un 50% caótica y un 50% Alkahest, de manera que puede decirse que la materia no elaborada es espiritual en un 50%.

La razón de estas proporciones es que tanto el Caos como el Alkahest se difunden y compenetran todo el universo, y entonces se deduce que el Caos igualmente difundido ocupa el 50% y el Alkahest el 50% restante, cada uno ocupa el 50% de nuestra materia y del Universo.

De manera tal que esa materia espiritualizada que está soterrada, aplastada e inactiva por el peso del Caos, debe ser extraída de su medio corporal que la rodea y pasar a ser elaborada en las tres columnas y especialmente en las tres rotas de esas columnas.

Primera rota de la columna Bohaz.

Dos rotas en la columna del medio, para que esa parte pura extraída de la materia impura se transforme en tierra foliada y cuerpo de luz.

En tanto que la materia no trabajada queda reducida integralmente a un material netamente corporal, que debe ser perfeccionado por múltiples lavados ígneos, hasta hacerse espiritual y seguir el mismo camino de las aguas purificadas.

Una vez separado lo puro espiritual o mercurial, el material pesado, podrido y engañoso toma un color rojo inútil que con el calor debido su color se convertirá en la negrura del cuervo, que aunque es negro es un color sumamente deseable, porque con este estado comienza la operación alquímica del ser humano.

Digámoslo de otra manera:

Recordemos que el Dios Innominado creó al mundo, como un producto netamente mental y que posteriormente, le solicitó al Alkahest que le diera vida y constitución material, dicho quehacer fracasó porque cuando la creación mental se hizo también material toda vida quedó petrificada y carente de movimiento, y de evolución.

El Alkahest rehízo su posterior trabajo pero en esta segunda oportunidad insertó en los materiales ocupados el concepto del mal o Caos tan difundido y potente, como el bien o Alkahest, y permitió el avance y desarrollo de la vida superior.

Rememoremos que el Dios Innominado, confeccionó tanto al bien como al mal, incluso uno de los brazos del Alkahest es el Caos, y el otro el bien.

De lo anterior se concluye que todo ser humano está hecho de un 50% de bien y un 50% de mal.

El problema radica que la parte buena o mercurial de hombre y de la mujer ocupa su núcleo central y por consiguiente está tapada y aplastada por las maléficas capas minerales y metálicas que impiden toda manifestación de ese bien.

En este estado de cosas es menester separar en la constitución del hombre y la mujer lo oscuro (Caos) y lo luminoso (Mercurio), lo fino de lo grosero, la paja del trigo, para que el bien pueda manifestarse.

De lo anterior se desprende:

Primitivamente la tierra o contenido del vaso no trabajado es espiritual en un 50%, es aquí donde Filaleteo da a entender que debe separarse lo sutil de lo grosero, puntualiza que esa materia humana debe dejar de ser espiritual y transformarse en corporal por medio de la irradiación del Alkahest, sobre la materia deben extraerse de esta última mediante intensos lavados ígneos el 50% espiritual.

El 50% espiritual debe seguir siendo trabajado en la columna Jakin, y el 50% de Caos en la columna Bohaz, y el resto de la parte corporal u oscura, no trabajada, debe ser paulatinamente laborada en la columna Jakin y columna del Medio.

Análisis

En este acápite Filaleteo nos sitúa en las iniciales etapas de la obra alquímica, es decir, alude a los fenómenos propios de los enfrentamientos que se entreveran o entretejen entre las materias metálicas y las materias minerales, acciones que se suceden con sus turbulentos y tempestuosos oleajes e inquinas experimentadas por el Sol y la Luna.

Esta lucha de lo mineral y lo metálico debe terminar con una creciente desecación de las podridas aguas que producen la lucha del Sol y de la Luna.

Desecación

Al respecto Filaleteo expresa que esta desecación alquímica es diferente a la desecación usual.

La desecación usual produce la muerte del compuesto.

La desecación usual produce una deshidratación que mata a los seres humanos, el resultado de la desecación usual es la muerte.

En cambio el desenlace de la desecación alquímica es la vida en todo su esplendor.

Todo el proceso de desecación alquímica se produce en la rota micro cósmica que representa al género humano, específicamente en el sector del aire o vapor, allí las guas podridas infectas y malsanas, que imponen su reinado de errores y horrores en la materia o azufre de hombres y mujeres, debe ser desecada en una medida conveniente, acción en la cual no interviene la mano del hombre, sino el propio Alkahest.

Como resultado de este acto la desecación o el aridecer del contenido del vaso y la eliminación o sequedad alquímica de las aguas podridas no agosta ni mata al compuesto, y despierta en el alquimista gran avidez por beber en las aguas puras y mercuriales.

¿Qué significa que las aguas podridas deben ser reducidas a átomos muy sutiles gracias al tamiz de la naturaleza, del agua mezclada con la tierra?

La reducción de átomos muy sutiles equivale a que el agua maloliente e infecta sea desecada hasta que surja la sed insaciable en el alquimista, y debido a la aminoración de las guas podridas, se despierte en el alquimista el impulso de absorber un agua superior, agua refrescante que resucite al contenido del vaso.

¿Qué es el tamiz de la naturaleza y del agua mezclada con la tierra?

Esta integración corresponde a las aguas malolientes de las cuales se extrae un agua mucho más pura, que se encontraba oculta y comprimida entre y en las durezas propias de la tierra no elaborada.

¿Qué significa que el agua exige cierta reducción para que la tierra reciba el fermento transmutador del agua?

El fermento transmutador del agua es el Alkahest.

En el inicio de la obra Sol y Luna son sometidos a una intensa irradiación y combustión del Alkahest. Sol y Luna se unen alquímicamente para iniciar un florecimiento de la tierra.

Esta reducción de una parte sustancial de las aguas oscuras, fétidas y tenebrosas tiene por objeto provocar que el alquimista desee por sobre todas las cosas beber aguas puras o mercuriales que le lleven hacia la luz, como dijimos al comienzo del enunciado.

Esta naturaleza corporal o azufrosa, habiendo sido como golpeada por un contundente martillazo se hace pasiva y de espiritual se hace corporal.

El azufre percibe un colosal y estremecedor mazazo que experimenta como centuplicado debido a la extrema sensibilidad que vive en esta ocasión, la conmoción es tan poderosa, que le priva de todos sus bríos y virilidades, y de activo se transforma en pasivo y queda entregado al dominio del mercurio liberado.

El azufre de aquí para delante se transforma en femenino y el mercurio liberado en macho viril, y entonces el azufre se abre para ser fecundado y dirigido por el mercurio liberado, de manera tal que pueda ser liberado por el Rebis, bajo la conducción del mercurio liberado se da paso al Rebis o hijo del Rey, quedando siempre subordinado al mercurio liberado.

A raíz del martillazo cambia también el colorido y contenido, que se hace cada vez más negro como cabeza de cuervo, que es extremadamente apreciable aunque sea negro, porque indica que los procesos alquímicos de que se trate empiezan con pie derecho.

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