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Ireneo Filaleteo Cap 19 – I (2ª parte)

REFLEXIONES MENORES SOBRE LA ENTRADA ABIERTA AL PALACIO CERRADO DEL REY.

EDITOR: FRITZ GOTTLIEB.                            AUTOR: APIANO LEON DE VALIENTE.
Capítulo 19 Acápite 1 (2ª parte)

DEL PROGRESO DE LA OBRA DURANTE LOS PRIMEROS CUARENTA DÍAS.

Opinión de Jean d’Espagnet sobre las tres divisiones de la Alquimia.

Señala, al igual que Ireneo, que el proceso alquímico se desarrolla en tres etapas, que él denomina “Círculos” porque las energías y fuerzas que los componen se desplazan en círculos.

1.- El primer Círculo Terrestre o Círculo del Sudor.

Está conformado por materia involucionada, compuesta de luna y sol, los componentes del Caos.

En el círculo primero campea la descontrolada fuerza de un fuego humoso, bajo y corrosivo, que hace de nuestra tierra un cenagal.

No obstante lo precedente,  esa energía  torpe y obscura puede cambiar su giro, si estudias y practicas el Arte Real.

En un principio, la materia gusta ser manejada por la energía del Caos (sol y luna vulgares), pues le brinda una falsa libertad en el mal, que le mantiene erróneamente enaltecida, ignorando que ello le conduce a una definitiva destrucción.

No puedes lograr el giro liberador, si te apegas a las energías y fuerzas artificiales, contrarias a la acción mercurial, rompiendo así la conexión natural que tienes con el Alkahest.

2.- El Segundo Círculo o Esfera Restauradora.

Se extiende desde el Rebis Blanco hasta la aparición del Rebis Rojo.

En este Segundo Círculo, tu conciencia propia de un Mercurio Interno Liberado, es capaz de trascender y dejar atrás esas noches oscuras, propias de una materia no preparada y, de este modo  tu mente, con la irradiación del Alkahest, se transforme en un bruñido espejo que pueda reflejar al Universo, esto es posible cuando es el Alkahest que rige a la mente.

El Segundo Círculo es una esfera de reposo y consolación.

El alquimista  alcanza en este segundo círculo, una percepción más penetrante del lugar a que es conducido, y también de cómo es ayudado.

Sus acciones se tornan más equilibradas, y su rota abandona ese agobiante girar del primer círculo. Eres separado de las acciones necias y trasmutas tus actos viles en acciones luminosas.

En el Segundo Círculo tu tierra es amasada y reblandecida, a la manera de los alfareros, con  el propósito que se mezcle mejor con la Luz.

En efecto, tu Tierra debe ser constantemente removida y  vigilada, porque al poseer la condición de una tierra virgen tiende, en cada segundo, a recibir la buena como la mala semilla.

El Adepto debe aprender del Alfarero, que  modela y pulimenta a la forma para otorgarle un fino y bruñido aspecto.

El movimiento de ese segundo Círculo es más alígero que el del Primer Redondel, debido a la fuerte purgación llevada a cabo en el primer Círculo del Sudor.

El movimiento de este segundo Redondel se torna más liviano y rápido, para prenderse y fijarse profunda e intensamente en el alquimista.

3.- El Tercer Círculo.

Su acción abarca desde el Rebis Rojo hasta su fusión con el Alkahest.

En este Tercer Círculo se impone una fuerte disolución, por la cual “lo endrino y más negro que lo negro” es doblegado por la Luz.

Es poderosa la fuerza del Tercer Círculo, ella desciende y se abre paso hacia las bajas, oscuras y pestilentes partes del proceso alquímico, allanando o destruyendo a todas las mezquindades obstructoras, fija sus energías y fuerzas en la periferia metálica o armadura negra que te envuelve, para que con la ayuda del Alkahest evoluciones y retornes al Hogar.

La acción del Tercer Círculo disuelve, una a una, las excrescencias de tu Vaso, hasta cremar todas las impurezas de tu Tierra.

El Tercer Círculo actúa muy lentamente, porque tiene necesidad de un mayor tiempo para cumplir acabadamente sus funciones, Ello se debe a que el 90% de tu materia aún está fuertemente  endurecida, compactada y comprimida, por la intensa sensiblería   que te recubre.

Así pues, los dos primeros Círculos están destinados a disolver todo aquello que pesa innecesariamente en la percepción de tus sentidos exteriores no desarrollados, todo ello para que el Tercer Círculo congele y fije en tu Tierra la emanación que espera recibir desde el Origen.

El Tercer Círculo, en su trabajo, sólo se adhiere a lo Eterno, a lo que no cambia y permanece por siempre, Se apega a todo aquello que  por su extrema limpieza, puede adentrarse en la infinita radiancia del Origen, para  entregarla a quienes han madurado y pueden percibirla y absorberla muy lentamente.

La energía del Tercer Círculo debe envolver al Adepto, tal como lo hace una sutil brisa, que tiende su manto hacia el investigador, a fin de que todos sus elementos y esencias que le componen, no sean volatilizados.

De principio a fin hay un orden plenamente establecido, que rige a la  acción conjunta de los tres Círculos.

Un invisible nivel de conciencia gradúa la tonalidad de nuestra esencia, vale decir, que todo lo que existe, está regulado por una inconmensurable e inabarcable Inteligencia Superior.  Desde allí actúa un Plan  Divino ajeno, impermeable a las expectativas que pueda tener un hombre o mujer, quienes ni siquiera sospechan que estén sometidos a designios y a ordenamientos muy superiores a las voliciones meramente humanas.

Los tres Círculos giran incansablemente hasta ensamblar sus giros, de manera que concuerden los tres movimientos, como si se tratara de una sola rueda.

La energía circula en forma de espiras, plasmando su fuerza en daca forma-vida, con el propósito de transformar sus capas  minerales y metálicas en Luz.

  • Encierra en tu Vaso a “Nuestro Mercurio” y a “Nuestro Sol”.

Al concluir la primera etapa de la alquimia, aquella que se extiende desde las Palomas de Diana hasta antes del nacimiento del Rebis Blanco, desaparecen con ella las columnas Boaz y Jakin, que son sustituidas por la Invisible Columna Hueca del Medio, que se hace perceptible en ese instante.

Esta Columna del Medio, tiene en su interior dos rotas, una inferior, la otra superior. En la inferior se desarrollan todos los procesos inherentes a la segunda división de la alquimia, esto es, las atingentes al desarrollo del Rebis Blanco hasta convertirlo en Rebis Rojo, y en la rota superior, tienen lugar todas las condiciones necesarias para que el Rebis Rojo se una conscientemente al Alkahest.

Por tanto, “Nuestro Mercurio” y “Nuestro Sol” quedan ubicados en la rota inferior de la columna del medio.

  • Rige con “Nuestro Fuego” a “Nuestro Mercurio y a Nuestro Sol.”

Nuestro Fuego es el Fuego de Pontano, que es el calor intenso que se produce cuando la irradiación del  Alkahest atraído por el primer régimen de Mercurio, o práctica del Solve et Coagula, choca contra la materia no preparada.

  • Y en cuarenta días verás a toda tu materia convertida en una sombrea, o átomos sin ningún motor que la impulse, ni movimiento visible que la anime, ni calor apreciable al tacto, a menos que la materia esté caliente.

En este punto Ireneo Filaleteo se refiere al segundo gran nigredo que surge al comienzo de la segunda etapa alquímica, la del Rebis Blanco o Rebis I.

El desfallecimiento de la propia materia se inicia y alcanza su ápice cuando la coloración blanca del núcleo azufroso del Rebis I, comienza a tornarse roja.

Como dije en “las Cuatro Alas de Mercurio” el núcleo del Rebis I es blanco, y debe tornarse rojo.

Este cambio de tinción significa que, el estado de nuestro cuerpo, permite progresivamente una mayor recepción  y fijación de un Alkahest más puro, eficaz y potente.

Esto ocurre en los primeros tres trabajos de la Segunda Etapa alquímica, Vía Rápida o Rebis Primero:

1.- El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto por azufre blanco y azufre rojo en una proporción de 2 a 3, es decir, por cada dos gránulos de azufre rojo, hay tres gránulos de azufre blanco o común.

 

2.- El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto en una proporción de 3 a 2, es decir, por cada 3 gránulos de azufre Rojo, hay dos gránulos de azufre blanco o común.

3.- El núcleo azufroso del Rebis I está compuesto en una proporción de 4 a 1, es decir que por cada cuatro gránulos de azufre rojo hay uno de azufre blanco o azufre común.

4.- Todo el azufre Blanco o común se transforma en Azufre Rojo.

 

Durante este cambio de coloración, el alquimista experimenta un profundo vacío. En su interior todo experimenta un proceso de cambio, en tanto que en lo externo, todo parece detenerse.

Es esta una etapa de transición.

La aparente detención externa, incomoda y amedrenta a su cuerpo físico, porque pierde el sentido y significación de su quehacer cotidiano. Se ve privado del timón con que dirige a su mente concreta o mente común.

Le parece percibir que su materia no ejerce acción alguna, y la percibe como algo muerto.

Carece de todo estimulo que le impulse en el desarrollo de su Gran Obra, a menos que esté por arribar a su cuerpo de Luz. (Ireneo dice: a menos que su materia esté caliente).

El hecho que el propio cuerpo se perciba como una sombra, indica que la composición del cuerpo físico comienza a disolverse, anulando el mero discernimiento sensorial.

Sus sentidos externos no desarrollados que campeaban como señores y dueños en todo su quehacer cotidiano, comienzan a fermentar, a corromperse y putrefactarse, y el alquimista comienza perder su capacidad de adherirse a lo abajado y, por tanto, sus sentidos externos no desarrollados, cada vez más inútiles, comienzan a ser reemplazados por los  reales Sentidos Internos, que captan las irradiaciones del Origen.

 

Este cambio, el estudiante  experimenta, al principio,  una hiriente sensación de vacío y soledad. En esta situación temporaria siente que no tiene un cuerpo físico propiamente tal y tampoco se siente poseedor de un invisible Cuerpo de Luz.

Esta transitoria situación será superada cuando el alquimista alcance el rango de una conciencia propia del Rebis Blanco.

Te has preguntado, alguna vez, ¿por qué la vida de hombres y mujeres, y particularmente, la del sincero buscador o buscadora, se ve constreñida permanentemente por violentos vórtices de luz y de sombras?

Esto se debe a la propia constitución del  género humano.

Primero, fue el Oriente u Origen quien puso su parte: Por orden del Dios Innominado, el Alkahest  creó al Alma y al Espíritu del hombre y de la mujer.

Luego,  correspondió al género humano  emprender la tarea de crear sus cuerpos inferiores, porque toda Alma o Espíritu, para desarrollar su autoconciencia, debe realizar experiencias en un cuerpo físico.

Y por eso el hombre y la mujer espirituales fueron arrojados a un lejano y poco evolucionado planeta, cuya superficie está cubierta por dos franjas superpuestas y separadas, constituidas de los componentes del Caos: Sol y luna. Estos estratos cumplen dos funciones: Privarnos de toda conciencia espiritual, y forzarnos a trabajar ese fimo para hacer con él Nuestro Cuerpo de Luz única ánfora preciosamente cincelada, capaz de contener a nuestra parte espiritual.

Mientras tanto, la mayor parte de la humanidad está inmersa en ese cieno, y es manejada hipnóticamente por el Caos, de modo que todas las inmundicias de una Sodoma y Gomorra están patentes en esas dos franjas que a diario nos cubren y envenenan y, aún peor, su contenido  quedó tatuado en nuestro cuerpo mineral (lunar) y en nuestro cuerpo metálico hecho de sol negro (Armadura Negra).

Debemos asumir que, no obstante la maldad inherente de ese sol y luna vulgares, ese es el material  que desarrollaremos  para devenir en Almas u hombres compuestos  integralmente por Rebis Rojo.

Eso es nuestra Matrix y la Matrix en todo el universo.

La lucha del pacífico guerrero alquimista, no se libra contra los demás, sino contra sí mismo, no destruye su Matrix, sino que la transforma en Luz y fundamento de su evolución.

“Matrix nos rodea. Está  por todas partes incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verla si miras la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar cuando vas a la iglesia cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto  ante tus ojos para ocultarte la verdad” (Morpheo a Leo, en la cinta Matrix.)       

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